Fray Marcos Porta, de la fraternidad franciscana de Catamarca, acompañó durante una jornada de esta etapa de la misión. En esta oportunidad, visitaron el paraje Guanchín donde veneran a Nuestra Madre del Valle y lugar donde se entronizó una pequeña imagen del Beato Esquiú bendecida por el sacerdote franciscano.
La misionera franciscana Natalia Santana dio el primer paso, llevando la imagen del Beato Esquiú y compartiendo momentos de oración rogando por su pronta canonización.
También impulsa el Taller Esquiú, un espacio donde niños, jóvenes y adultos pueden armar su primer denario con la cruz Tau, conocer los símbolos y hábitos franciscanos, aprender a realizar el nudito franciscano, y participar en la decoración de un pequeño mantito de la Virgen del Valle. Los más pequeños pueden colorear la imagen, acercándose de manera sencilla y amorosa a la fe.
A esta misión se suma Carmen, su madre, quien confecciona los pequeños sayales y recuerdos que se va dejando en el caminar de Beato Esquiú, que hasta el momento han superado los 5.000. Además, se entregan las estampas comunes y con reliquias de tercer grado que aportan los frailes, tarea en la que colaboran su hermana Angélica y su hija Angelina, facilitando el traslado de la imagen y haciendo posible que esta obra continúe expandiéndose.
La misión tiene como objetivo dar a conocer la vida y obra del Beato Mamerto Esquiú y acompañar el camino hacia su santidad. Actualmente, se está realizando en Fiambalá y en localidades de la zona norte como Saujil y Tatón, también Belén-Barranca Larga, San Antonio de la Paz, como también en Cachi, provincia de Salta, y próximamente llegará a Buenos Aires.
“La Peregrinación de Luz busca que cada hogar reciba su bendición, llevando la imagen casa por casa a través de misioneros de distintos pueblos que se comprometen con esta gran obra. Son personas que despiertan un amor sincero por Jesucristo y hacen posible que esta misión continúe creciendo”, manifestaron desde la comunidad franciscana local, destacando que “Natalia ha demostrado, a lo largo de este camino, una profunda responsabilidad, entrega y sobre todo mucha humildad. Su servicio incansable, realizado con amor y dedicación, se refleja en cada encuentro que prepara con los hermanos. Esta misión franciscana enorgullece al convento y a todos quienes acompañan este caminar de fe”.