Esta mañana, las estaciones de monitoreo registraban el paso de 46.300 metros cúbicos por segundo, equivalente a 33 veces el caudal normal del río.
En
apenas 24 horas, el río Iguazú modificó considerablemente su fisonomía:
el agua se puso más rojiza que el domingo a causa de las lluvias en las
altas cuencas y el deslave de las barrancas. El domingo a las 8, el
centro de monitoreo hidrológico de la empresa de energía brasileña Copel
registró un caudal de 5.230 metros cúbicos por segundo y 24 horas trepó
a 46.300 metros cúbicos por segundo.
Según los registros
recientes, la última gran creciente se registró en 2005, cuando el
Iguazú tuvo un caudal de 36.000 metros cúbicos por segundo. La fenomenal
creciente también obligó al cierre de los paseos del lado brasileño y
se estima la fuerza del agua provocará el desprendimiento de muchos
tramos metálicos de la pasarela que conduce a Garganta del Diablo, el
más espectacular de los 275 saltos. El año pasado, una creciente mucho menor provocó el arrastre de 28 de los 99 tramos que forman la pasarela.
El domingo a la mañana el agua comenzó a subir rápidamente,
motivo por el cual se puso en vigencia un operativo para replegar las
barandas de la pasarela a la Garganta y quitar los bulones de sujeción.
Este mecanismo hace que los tramos se desprendan por la fuerza del agua y
así se evita daños en los pilotes que hacen de sostén de toda la
estructura. Clarin.