jueves, 17 de julio de 2014
09:49
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La acción de Cobos desnudaba, por primera vez, que el armado electoral de 2007 fue superestructural, sin anclaje ideológico, una práctica de cara a las urnas con el fin de seguir siendo moradores de Balcarce 50 por cuatro años más.
Lo de Cobos marcó un punto de inflexión que no tuvo vueltas y las relaciones institucionales quedaron definitivamente marcadas. Una ruptura que empezó alrededor de las 22 horas del miércoles 16, cuando desde el primer piso de la Casa Rosada y de la Quinta de Olivos tomaban conciencia de que el tablero electrónico no iba a reflejar lo que ellos habían imaginado, sino todo lo contrario. Empate, como había vaticinado Semanario Parlamentario una semana antes. Y acertó.
El golpe final, ya en la madrugada del jueves, se lo dio el radical santiagueño Emilio Rached, quien dicho sea de paso tuvo más de un enfrentamiento con los campesinos por el uso del famoso glifosato en sus tierras. Rached fue víctima del acoso en todos los niveles, pero confirmó que él estaba en contra de las posiciones del Gobierno.
Cuando Rached confirmó la reafirmación de esa confesión, temblaron el Senado, Balcarce 50 y la Quinta de Olivos. Entonces las casillas de los celulares de Cobos se llenaron de llamadas y mensajes que seguramente guardará como recuerdo de su gesta. Por esas horas sólo mantenía breves diálogos con dos de sus fieles en la Cámara baja, Daniel Katz y Laura Montero, y con Raúl Baglini. Ellos y sus asesores de confianza estaban al tanto de la dirección de su voto y nadie más, porque a esas horas temían que sus conversaciones fueran interferidas, máxime cuando llegó a sus oídos que la jugada de máxima que imaginaron los K era que a la hora de la votación se "enfermara” y dejara el sillón a José Pampuro, en función de que el voto del peronista bonaerense valía doble.
La salud de Carlos Menem dio motivo para una serie de operaciones de prensa. Su incipiente fiebre alentó al oficialismo en la idea de que su banca estaría vacía, con lo cual la votación estaba asegurada ante la deserción de Rached. Nunca pensaron que Menem regresaría para estar en su banca. Lo trajo del Sanatorio Ottamendi su hermano Eduardo para que le dieran el golpe final a las retenciones móviles.
Julio Cobos, Emilio Rached y Carlos Menem plasmaron la jugada final, pero no fue producto de un acuerdo, sino que coincidieron en resistir una política que consideraban "confiscatoria” hacia la renta agraria. Claro que la puntada inicial la dio el salteño Juan Carlos Romero, al anunciar que él y Sonia Escudero, más el representante del Partido Renovador de Salta, Juan Agustín Pérez Alsina, votarían en contra.
Fue el punto de partida para la rebelión que se empezaba a cocinar y que no calibraron la pareja presidencial, ni Miguel Angel Pichetto -jefe del bloque K en el Senado-, Nicolás Fernández y compañía. Cuando asumieron que más de un soldado estaba en la resistencia, procedieron a hacer regresar Eric Calcagno a su banca para asegurarse la votación.
Ni esa ni otras movidas, las que según trascendieron incluyeron de todo y para todos y todas, pero que lograron su propósito cuando Julio Cobos dijo que la historia lo juzgaría. Siendo consciente del tembladeral institucional y político que desataba.
De esta manera cumplía con su frase preferida: "No soy Daniel Scioli ni Chacho Alvarez”, y que llevó a algún militante a pintar en las inmediaciones del Congreso: "Cobos traidor, a vos te va a pasar lo de Vandor”, que reflejó las sensaciones en el kirchnerismo.