sábado, 13 de septiembre de 2014
10:18
En
la
Argentina existen al menos 110 productos agroalimentarios que
están en peligro de extinción, cuya pérdida no sólo equivaldría a la
desaparición de recursos alimenticios y económicos, sino también de una parte
importante de la cultura que acumularon durante siglos los pueblos de
diferentes regiones del país. El llamado de atención surgió de un grupo de
docentes de
la Facultadde Agronomía de
la UBA(FAUBA) que integra la comisión nacional del Arca del Gusto, de la asociación
SlowFood.
Se trata de productos tradicionales generados en economías
regionales, muchas veces por pequeños productores que habitualmente tienen
grandes dificultades para llegar al mercado en condiciones de comercio justo.
Tales son los casos del arrope de uvas, típico de las provincias del noroeste;
el vino de la costa, que posee un carácter regional diferenciado por su sabor y
aroma frutado; y el alfeñique, un derivado de caña de azúcar característico de
la provincia de Tucumán, entre otros productos de
la Argentina que se suman a
un catálogo mundial de 1800 alimentos que están en vías de desaparición, pero
que todavía están vivos y pueden ser redescubiertos.
"Desde
la
Facultad de Agronomía queremos colaborar con los pequeños
productores para que puedan llegar al mercado con alimentos artesanales de alta
calidad", dijo Hugo Cetrángolo, docente e investigador de la cátedra de
Sistemas Agroalimentarios de
la
FAUBA, y presidente de la comisión del Arca en
la Argentina. Y agregó:
"Buscamos acercar a los consumidores con los productores, para que se
valoricen estos alimentos y se sigan produciendo".
Cetrángolo, quien integra la comisión nacional de SlowFood
junto a los docentes e investigadores de
la FAUBA Julián Cámara
Hernández y Cecilia Gelabert, subrayó que estos pequeños productores son la
franja más vulnerable del agro y que para garantizar su supervivencia es
necesario encontrar un equilibrio con la agricultura de gran escala, de alta
tecnología y gran productividad, que en las últimas décadas creció
exponencialmente y desplazó a muchas economías regionales.
El grupo de investigación de
la FAUBA comenzó a colaborar
con Slow Food hace tres años, a partir de la tesis de grado de Aldana Gatti,
quien identificó 10 alimentos locales en peligro de extinción: la achojcha (una
hortaliza), las frutas ajipa, tomate de monte, chirimoya y pitanga, los
tubérculos ulluco y añu, el licor de yatay, el arrope de algarroba y la miel de
abejas meliponas. A partir de este trabajo se solicitó la inclusión de los
productos en el catálogo internacional del Arca, que hasta entonces sólo
contenía unos pocos elementos de
la Argentina.
"Muchos materiales valiosos de nuestro país, cultivados
en el pasado, se encuentran en riesgo de desaparecer como consecuencia del
desplazamiento de las poblaciones rurales de las regiones marginales del
noroeste y noreste de
la
Argentina a centros urbanos, donde se produce la pérdida de
la identidad cultural y costumbres en el proceso de asimilación de los
aborígenes en sociedades urbanas", afirmó Gatti. Y añadió: "Un aspecto
destacado es la pérdida del conocimiento de los productos autóctonos y, aún
más, de su uso y preparación en las poblaciones actuales. También el consumo
fue cambiando, reemplazando la demanda de productos autóctonos por otros
comerciales".
"La desaparición de productos autóctonos, por una parte
significa que las costumbres, los valores, las creencias, las tradiciones, los
gustos, las formas de trabajo cambian, que es algo relativamente normal pero,
tal vez, determinadas condiciones aceleraron el proceso. Por otra parte, tiene
un significado negativo en la evolución productiva. Las variedades nativas son
la base del mejoramiento genético y productivo, por lo que la pérdida de
diversidad agrícola cultivada afecta la capacidad de seleccionar nuevas variedades
vegetales y animales que respondan a las nuevas necesidades", lamentó.
El trabajo de Gatti fue el punto de partida para reactivar
las actividades del Arca en
la
Argentina y dejar al descubierto una gran riqueza de
alimentos que progresivamente estaban o siguen estando olvidados. En 2012, se
integraron a la comisión nuevos investigadores de todo el país y el catálogo
llegó a 32 productos de gran importancia. Además, se publicó un libro que
contiene todos los detalles de la experiencia y actualmente se está trabajando
en una segunda edición.
Hoy hay nuevos productos postulados para sumarse a la lista
de 110 alimentos que ya fueron identificados como en vías de desaparición.
Recientemente,
la Facultadde Agronomía de
la UBApresentó tres frutas nativas de la provincia de Misiones para su incorporación
al Arca del Gusto. Son maracuyá, guayaba y granadilla morada, que si bien
poseen ventajas desde el punto de vista del desarrollo social, de la diversidad
ambiental y de la nutrición humana, tiene limitaciones comerciales que las
ponen al borde de la desaparición del mercado argentino.
La investigación fue desarrollada por Valeria Casavola en su
tesis para acceder al título de Ingeniera Agrónoma. "Para lograr que la
producción de frutas nativas tenga éxito y continuidad es importante el
desarrollo territorial de la región. Para ello es necesario el apoyo del
gobierno local en la difusión del turismo, en la regulación de las ferias
francas y mercados, que son el principal medio de comercialización para estos
productores", concluyó en ese trabajo.
Experiencias exitosas
Cetrángolo destacó algunas experiencias de América latina
que integraron a los sectores público y privado para evitar la desaparición de
alimentos autóctonos y revalorizar su consumo. Al respecto, señaló el éxito que
tuvo Perú para posicionar su cocina en el mundo y crear la feria más importante
de la región, denominada Mistura. También consideró que Ecuador y México vienen
haciendo esfuerzos importantes en la materia.
A nivel local, consideró que si bien el Arca del Gusto es un
catálogo virtual de productos en riesgo de desaparecer, también es el punto de
partida para creación de baluartes de SlowFood, que prevén un conjunto de
acciones orientadas a revertir la situación de estos productos. El caso más emblemático
es el de las papas andinas de
la
Quebrada de Humahuaca, que a partir de la formación de la
cooperativa Cauqueva -coordinada por Javier Rodríguez- logró transcender el
autoconsumo de las poblaciones locales, para extenderse a todo el país. También
se realizó un esfuerzo similar con el yacón, un tubérculo que crece en la
cordillera y cuya raíz es comestible, tras la creación de un proyecto baluarte
liderado por Magda Choke Vilca. (FAUBA).