Todos estos detalles trascendieron en el brindis anual de la Asociación de Magistrados, que nuclea a un gran número de jueces y funcionarios judiciales de todo el país.
Allí, Elena Highton de Nolasco alzó la copa de champagne y brindó "por Montesquieu y la división de poderes”. Fue la forma políticamente correcta de dejar en evidencia su rechazo al decreto del presidente Mauricio Macri para imponer a dos jueces de la Corte Suprema sin acuerdo del Senado. El hombre al que estaba dirigido el mensaje de Highton había faltado a la cita, pero a pocos pasos estaba el ministro de Justicia, Germán Garavano, para atajar el enojo de la jueza..
Mauricio Macri y Ricardo Lorenzetti estaban
invitados, pero no asistieron. Highton y Garavano compartieron mesa con el
titular de la asociación, Ricardo Recondo, y funcionarios de los gobiernos
nacional y bonaerense. La tensión entre Highton y Garavano se sintió en el aire
hasta que, comida y vino de por medio, las caras de los funcionarios se fueron
aflojando. Se los vio charlando bajito durante gran parte de la noche.
Fue el jueves, 36 horas después de que
Highton se convirtiera en una pieza central para obligar al Presidente a dar
marcha atrás con su decisión de imponer por decreto a Horacio Rosatti y a
Carlos Rosenkrantz como jueces de la Corte. La jueza había advertido que no estaría
presente en el juramento de los nuevos jueces impuestos por decreto. Así lo
aseguraron jueces y camaristas con diálogo con la jueza y allegados a Highton y
a su equipo.
Para la ocasión, bastaba con que el
presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, tomara el juramento. Pero de esta
forma, Highton dejaba expuestos a Lorenzetti y al juez Carlos Maqueda como
cómplices de una medida que desató el rechazo de casi todo el ámbito judicial.
La decisión de Macri provocó su primera
crisis política a menos de una semana de su llegada a la Casa Rosada, pero
también remarcó las grietas ya existentes entre los miembros de la Corte
Suprema y expuso las primeras pujas internas por el poder de influir en las
decisiones del Presidente.
Muy cerca de Highton buscaron bajar el nivel de tensión y aseguraron que Lorenzetti y Maqueda fueron tan decisivos como ella para suspender los nombramientos. Pero no desmintieron el disgusto de la jueza.
El miércoles, alrededor de las 11,
Lorenzetti, Maqueda y Highton se convocaron en un acuerdo extraordinario. Esa
mañana, Macri le hizo saber a Lorenzetti que necesitaba salir del callejón sin
salida en el que se había metido. Durante el acuerdo extraordinario, primó la
postura de Highton, por conveniencia de todos. Por la tarde, Lorenzetti y Macri
se reunieron y se acordó una pausa a la asunción de los nuevos jueces hasta
febrero.
El martes, Lorenzetti había respaldó
públicamente a los designados. "Los dos
son bienvenidos”, afirmó sobre Rosatti –con quien mantiene una excelente
relación– y Rosenkrantz. Highton no había sido tan elocuente como Lorenzetti.
"No voy a decir nada del decreto”, dijo a los medios.
Lorenzetti debió justificar al Presidente
frente a sus colegas y dijo que Macri estaba tironeado entre distintos grupos
de poder dentro del macrismo que bregaban por ganar espacio unos sobre otros en
el Gobierno. Se refería a la influencia del abogado Fabián Jorge Rodríguez
Simón, alias "Pepín”, miembro del núcleo duro del macrismo junto a los ex
compañeros de Macri del colegio Cardenal Newman.
El ministro de Justicia, Germán Garavano,
le manifestó a Macri que no está de acuerdo con imponer decisiones sensibles
por decretos o Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU). Pero "Pepín” ofrece ese
instrumento para calmar la ansiedad del Presidente. Y así lo hizo el lunes con
el decreto que imponía dos jueces de la Corte.
Los macristas que debían estar al tanto de tamaña decisión se enteraron por los medios, incluido el presidente provisional del Senado, Federico Pinedo. También en el Ministerio de Justicia. Ese mismo día, los funcionarios de la cartera habían estado reunidos con Macri. No les adelantó nada. Garavano tampoco fue consultado, pero luego debió salir a poner la cara por la decisión de Rodríguez Simón.
Fuente: Diario PERFIL.