En el gabinete de ministros y secretarios
de Estado que se despiden el próximo jueves, sólo cinco atravesaron de manera
completa los tres mandatos de Néstor y Cristina Kirchner: Alicia Kirchner,
Julio De Vido, Carlos Zannini, Oscar Parrilli y Carlos Tomada.
No por casualidad cuatro de ellos son
patagónicos, "pingüinos" en la jerga kirchnerista, y sólo uno
porteño. Los cuatro sureños, Alicia, De Vido, Zannini y Parrilli, fueron
funcionarios de los Kirchner incluso antes de llegar a la Rosada en mayo de
2003.
Alicia, hermana de Néstor y cuñada de
Cristina, encabezó la política social durante los 12 años y su gestión logró
reconocimiento internacional y aprobación entre la oposición.
Sólo por unos meses se retiró del
ministerio, entre el 10 de diciembre de 2005 y el 14 de agosto de 2006, cuando
asumió una senaduría por Santa Cruz y fue remplazada por Juan Carlos Nadalich.
Los microcréditos, el tren sanitario, los
Centros Integradores Comunitarios y los programas de inclusión fueron algunas
de las políticas que articuló en torno a cuatro ejes: la producción, la
familia, la organización y la expresión.
El futuro político de Alicia está ahora en
Santa Cruz, en donde fue electa gobernadora.
Zannini ocupó siempre el rol de consejero
político y legal. En la mítica mesa de café del Hotel Santa Cruz, en la que
Néstor y Cristina delineaban las grandes líneas de la gestión, una silla
siempre estaba ocupada por el "Chino". Difícil encontrar en estos 12
años un funcionario que pregonara, tanto en público como en privado, una
lealtad tan absoluta al liderazgo de la pareja presidencial.
Zannini fue el responsable de adaptar al
marco legal las decisiones de Estado que tomó el gobierno en sus tres mandatos.
En la última etapa reconvirtió su perfil a la demanda de la etapa y salió más a
la consideración pública como candidato a vicepresidente de Daniel Scioli.
De Vido fue otro incondicional de los
últimos dos presidentes y el gran ingeniero de la obra pública.
Su obsesión fue la energía y dedicó su
tiempo en el gobierno a generarla. Durante su gestión logró agregar al sistema
eléctrico interconectado 8.000 megas. Terminó las obras en las represas Atucha
II y Yacyretá; construyó 1800 kilómetros de autopista y pavimentó 4500 rutas
nacionales.
Desde su cartera se implementó también el
tendido de fibra óptica y el desarrollo de la Televisión Digital Abierta.
Si bien atravesó situaciones familiares y
personales que estuvieron a punto de obligarlo a renunciar, el arquitecto De
Vido siguió en el cargo.
Parrilli siempre fue el hombre operativo de
los planes de Néstor y Cristina. Como secretario General de la Presidencia,
armó el inmenso parque Tecnópolis y recicló por completo la Casa Rosada, que
hasta la llegada del kirchnerismo estuvo prácticamente en ruinas. Su pago chico
es Neuquén. A principios de este año, cuando Fernández de Kirchner decidió
disolver la Secretaría de Inteligencia, delegó en Parrilli la tarea de
organizar la nueva estructura de inteligencia.
Parrilli fue uno de los funcionarios del
elenco oficial que más incorporó a su agenda el conflicto con Clarín y fueron
innumerables sus conferencias para desmentir al diario o dar precisiones sobre
su área de gestión.
Tomada instituyó las negociaciones colectivas
entre trabajadores y empresas, bajó el desempleo al 5,9 por ciento y creó 5,8
millones de puestos de trabajo, según cálculos de la cartera laboral.
El ministro de Trabajo se probó
electoralmente en la Ciudad de Buenos Aires como precandidato a jefe de
gobierno porteño y candidato a vicejefe. Todo hace suponer que seguirá en ese
camino cuando asuma como legislador porteño del Frente para la Victoria en el
próximo período.
Cuando Néstor y Cristina hablaban de sus
anhelos políticos, a fines de los 90 o principios del 2000, mencionaban que
necesitaban tres períodos para completar su proyecto de país. Muchos veían un
tanto aventurado el objetivo, más aún en la Argentina tumultuosa de la época.
Otros no le creían. Entre los que sí les creyeron están Tomada, Zannini,
Alicia, Parrilli y De Vido.