Los números estremecen. Acaso la frialdad de las
estadísticas se contradiga con el horror y con la difícil tarea de explicar lo
inexplicable. De encontrar, en definitiva, las causas y razones a un proceso
que terminó con la vida de más de un millón de armenios en manos del Imperio
Otomano.
Han pasado exactamente 100 años del inicio de uno de los
períodos más oscuros para el pueblo armenio y el presente parece demostrar que
las tensiones y desencuentros se mantienen tan latentes como en sus orígenes. Y
el ámbito académico no ha escapado a este intenso debate.
En este sentido, Celina Lértora Mendoza, investigadora del
CONICET y especialista de la temática, apunta a la Agencia CTyS que es
necesario estudiar de modo estructural las causas del genocidio armenio. "Que
no nos limitemos a señalar las muertes sino que estudiemos cómo y por qué se
han producido”, destaca la académica, doctora en Ciencias Jurídicas y en Filosofía.
Así, para la especialista, un enfoque de esta naturaleza
permitiría una comprensión real de la situación, lo que llevaría a "tomar
medidas para paliar los sufrimientos de los descendientes y que Turquía acepte la
parte de la responsabilidad que le toca”.
Una Turquía sólo para
turcos
Según apunta Lértora Mendoza, para encontrar las razones que
llevaron a deportar a una enorme cantidad de armenios hacia las fronteras y que
provocó la muerte de entre un millón y un millón y medio de ellos es necesario
empezar a bucear en la historia y buscar los factores políticos.
"Durante mil años, turcos y armenios vivieron en una
relativa armonía en el mismo territorio- explica la investigadora-. Los
terrenos ocupados por el pueblo armenio habían sido invadidos en el siglo XI
por las fuerzas turcas, que cuatro siglos después tomarían Constantinopla y
establecerían allí la sede del Imperio Otomano”.
La expansión y apogeo del Imperio turco se verían detenidos
a fines del siglo XIX. El punto de inflexión lo sería, pocos años después, una
dolorosa derrota en la 1º Guerra Mundial, lo que le provocaría la pérdida de
una gran cantidad de territorios y la firma de un pacto entre Inglaterra y
Francia, en 1916, para establecer un régimen de protectorados para esa zona.
"En medio de este clima adverso, el sultanato empezó a
perder poder y fue derrocado por una facción política denominada Jóvenes
Turcos, quienes impusieron un régimen republicano e iniciaron una política de
modernización”, relata Lértora Mendoza, quien agrega que uno de los principales
objetivos de este grupo fue "armar una sociedad homogénea desde el punto de
vista étnico, condenando el concepto de multitud de naciones y en pos de lo que
sería una ‘turquización’ de Turquía”.
Bajo esta órbita política, todos los que se oponían se
convertían en enemigos del pueblo turco. "Como no hubo acuerdo de parte de los
Jóvenes Turcos con los líderes armenios, los primeros se inclinaron por las
deportaciones, que incluyó todo tipo de violencia como golpes, fusilamientos y
violaciones contra el pueblo armenio.”, detalla la académica.
Del negacionismo a la
justificación
A lo largo de estos cien años, las políticas adoptadas por
el gobierno turco con respecto a estos eventos fueron variando. Así, Lértora
Mendoza reconoce tres grandes momentos o etapas en el último siglo.
"En un primer período se discuten los hechos, al punto tal
que Turquía negaba que fueran tantas las víctimas. Incluso se defendía
argumentando que las políticas de las deportaciones habían sido aceptables y
que los responsables de los excesos durante las deportaciones habían sido
juzgados y condenados”, resalta la académica.
El segundo momento tendrá como particularidad la negación
del concepto de "genocidio”, al enarbolar argumentos tales como que la creación
y definición de esta noción fue posterior a los hechos de 1915 o que para ser
clasificado como tal, es necesario probar la existencia de una voluntad
explícita del Estado para destruir una comunidad.
"Desde luego, esa voluntad es difícil de probar porque el
Estado es un ente abstracto, funciona a través de sus funcionarios. Es algo
poco común que algún funcionario salga a expresar que es el responsable del
exterminio de un determinado grupo. Tal vez en el caso de Alemania y Adolf
Hitler resultara claro, pero no es así en todos los genocidios”, aclara Lértora
Mendoza.
La tercera y última etapa, iniciada durante la década de
1980, tuvo su base en la configuración de un campo de estudios turcos. "Allí se
llegó a la conclusión de que si no se hubiera llevado a cabo el proceso de
homogeneización impulsado por los Jóvenes Turcos, las fuerzas centrífugas de
esa sociedad variopinta hubieran impedido la consolidación de un estado turco
como tal”, especifica la académica.
Claro que el interés legítimo por la continuidad del Estado
turco no parece justificar en ninguna medida la masacre del pueblo armenio,
como apunta la doctora: "El problema no está en negarles el derecho a Turquía
de mantener su Estado, sino en que en virtud de ese proyecto político se masacró
a otro pueblo y se hizo caso omiso de sus derechos”.
Para Lértora, además, resulta muy perjudicial la
banalización del concepto de genocidio, en lo que constituye, a su juicio, una
estrategia más de negación. "A casi cualquier hecho se le llama genocidio, sea
un asesinato, un crimen, un delito. Por supuesto, esto debe ser castigado, pero
no todo es genocidio. Si todo es genocidio, nada lo termina siendo”, subraya.
Por eso es que, según la perspectiva de la académica, no se
debe comparar el caso armenio con situaciones similares pero de distinto
contexto u origen. "Para hablar del genocidio armenio se lo agrupa junto a
hechos deplorables de la humanidad como el genocidio judío, las bombas
atómicas, las dictaduras latinoamericanas, etc. Pero las responsabilidades en
cada caso son diferentes, con distinto grado de responsabilidad. Si uno mezcla
todo corre el riesgo de confundir todo y termina siendo más una frase de
condolencia y duelo que de análisis crítico”, concluye
Fuente: Agencia de Noticias CTyS