"Un papa argentino con un santo que
nació y vivió en la Argentina", dijo Macri tras asistir ayer a la misa que
ofició el Sumo Pontífice en la Plaza San Pedro (publicado en La Voz del
Interior, 16/Otc./2016).
Evidentemente, el presidente Macri no está al
tanto del proceso de beatificación del fraile catamarqueño Mamerto de la
Ascensión Esquiú. Es la primera justificación que se podría esgrimir para
atenuar la afirmación presidencial, porque la otra sería más lamentable, como
predecir el fin del papado de Francisco.
Cabe mencionar que Esquiú fue declarado
Siervo de Dios en 2005 y Venerable en 2006, mientras que la causa de su beatificación
viene siendo tramitada en el Vaticano desde hace muchísimos años, a la espera
de la confirmación de un milagro, al margen de sus virtudes religiosas que lo
llevaron a ser obispo de Córdoba.
Y debe recordarse además, que cuando la
Patria estaba disgregada después de la batalla de Caseros, por las históricas
desuniones y las guerras civiles entre compatriotas, y hasta parte de la
ciudadanía se oponía a la naciente Constitución Nacional, fue Esquiú con su
conocido Sermón –desde Catamarca- el que llamó a respetarla como prenda de
unidad entre todos los argentinos. "Obedeced, señores, sin sumisión no hay
ley; sin ley no hay Patria, no hay verdadera libertad, existen sólo pasiones,
desorden, anarquía, disolución, guerra...", dejó como legado el padre Esquiú.
¡¿Cómo presidente…?, un hecho histórico que
no se va a repetir…?!!!.