"Primero iba a ser el segundo semestre,
luego el último trimestre y ahora le echarán la culpa a Donald Trump. Otra vez
nos corren el arco. La realidad es que ya estamos muy nerviosos porque hay más
brotes negros que verdes. Se está tardando demasiado". La frase
corresponde al presidente de una multinacional que en diciembre de 2015
aplaudió con fuerza la llegada de Cambiemos al poder. Café de por medio, un
alto funcionario que trabaja en Balcarce 50 abrió los ojos y puso atención a
sus argumentos. Sabe que la crítica no viene en este caso de a quienes
denominan "el club de los aplaudidores". Es decir, aquellos que
sonríen para la foto y critican por detrás.
"El consumo está planchado y será muy
difícil que la situación se revierta tras una pérdida del poder adquisitivo de
los asalariados que está entre ocho y diez puntos este año, y que fue aún mayor
para la economía informal de la cual los datos son escasos. Las expectativas,
tarde o temprano, se toparán con la realidad", agregó enojado el directivo
que sembró su luz de alarma.
La teoría de un grupo de empresarios es que
desde el Gobierno se sobreestimó la llegada de las inversiones y se subestimó
el impacto del freno del consumo. Por otra parte, alegan, se incentivó
demasiado el retorno financiero con tasas imposibles de resistir y se dinamitó
la confianza con dos variables clave: tarifas y empleo. La combinación de esos
ingredientes es la que postergó la reactivación, coinciden.
"Las idas y vueltas con el tema de
tarifas generaron incertidumbre y retracción del consumo. Nadie sabía a ciencia
cierta cuánto iba a pagar y si a eso le sumamos que la situación del empleo se
tornó impredecible, se dio la tormenta perfecta que hoy estamos
atravesando", agrega desde el offthe record el titular de una de las
principales automotrices locales. La industria le puso números a la situación:
40% de capacidad ociosa y unos 50.000 empleos industriales menos por la baja de
Brasil, pero también por la del mercado local.
"El tipo de cambio está atrasado y las
tasas de interés están altas", resumió Adrián Kaufmann, presidente de la
Unión Industrial Argentina. La idea, por parte de los departamentos técnicos de
la UIA, es presentar esta semana un estudio en el que se puedan analizar
caminos para que las pymes y la industria despeguen. "Hay sectores que la
están pasando muy mal y nos parece que es tiempo de plantear la realidad que
vivimos", afirmó en off the record el presidente de una de las principales
industrias locales. Mañana y pasado será la cumbre nacional en Parque Norte.
Allí, varias pymes de economías regionales llegarán con un rosario de pedidos
ante la nueva caída del sector de un 7,4% interanual.
En el negocio supermercadista esperan con
ganas el cambio de calendario. "Estamos preocupados por la caída del
consumo y apuntamos a que haya un repunte", expresó Juan Carlos Vasco
Martínez, director ejecutivo de la Asociación de Supermercados Unidos (ASU). El
balance del tercer trimestre está entre los peores de los últimos cuatro años.
"Hay muchísima incidencia en lo que son
los costos de logística, los impuestos y los costos laborales, que en los
últimos años se incrementaron. Lo mismo ocurre en los municipios con la suba
del Alumbrado Barrido y Limpieza (ABL)", manifestó Federico Braun, titular
de La Anónima.
En la mayoría de las cadenas coinciden en
decir que el actual es un año para el olvido y en que la categoría alimentos
fue una de las grandes perdedoras.
"Antes, una familia tipo no dudaba en
llevar dos paquetes de fideos independientemente si los necesitaba. Hoy lo
piensa dos veces", afirma otro supermercadista. No es un dato menor que el
32,2% de los argentinos sean pobres, ya que cuanto menor es el poder
adquisitivo, mayor es la cantidad de presupuesto que se destina a los
alimentos: unas dos terceras partes del total de ingresos suelen destinarse a
este fin.
La pérdida de rentabilidad será también parte
del debate de mañana del nuevo encuentro del consejo tripartito entre
sindicatos, funcionarios y Gobierno para seguir trabajando sobre la palabra
clave de la economía 2016: productividad. También corre por estos tiempos la
construcción de un nuevo relato económico en el que está prohibida la palabra flexibilización.
Los
ladrillos dormidos
En paralelo hay otra pregunta que se hacen
los hombres fuertes de una de las principales asociaciones empresarias.
"No nos cierra que todos los indicadores de la construcción den en baja y
desde el Gobierno se asegura que la obra pública ya está en marcha. Es un tema
a investigar", azuzó un directivo de esa actividad.
Desde el Gobierno, sin embargo, aseguran que
la ansiedad empresaria no los desvela. "El efecto Trump no provocará
complicaciones para la Argentina y si se encarece el costo del dinero a nivel
mundial estamos hablando de medio punto de la tasa de referencia cuando antes
nos endeudábamos a una tasas de dos dígitos y hoy del 6%", recalcaron en
Hacienda.
La teoría dentro del ministerio es que se
busca instalar una idea de "peligro" que no es real con el esquema
actual de flotación administrada. Es decir, que el Banco Central tiene la
potestad de intervenir cuando lo crea conveniente o en momentos en los que la
relación entre el peso y el dólar deje de ser competitiva, y que eso ya ha
mostrado su efectividad en los días del Brexit.
"La inflación es el más grande creador
de pobreza que hay. Es lo primero que se debe resolver para que la economía
arranque", afirma Cristiano Rattazzi, presidente del Grupo FCA Automobile.
Y agrega: "la relación entre el peso y el dólar debería estar en $ 17,50.
Me sentiría mucho más tranquilo así".
El
debate está instalado
"La economía es un proceso complejo que
no tiene una hora cierta, con un día cierto. Primero se empieza a frenar la
caída, ahí comienza la estabilización, y luego llegan los signos de
crecimiento. Para 2017 hay consenso en que será un año en el que la Argentina
empieza a crecer", justificó Mario Quintana, vicejefe de Gabinete.
La argumentación oficial gira hoy en torno a
los pronósticos de las principales consultoras y es cierto que todas coinciden
en un rebote para el eleccionario año impar. "La falta de empleo formal es
el problema más grande de la economía argentina", considera Quintana. En
el mismo sentido reaccionó el viernes último la CGT. "Los indicadores no
dan tranquilidad. Millones de argentinos quedan descartados de la sociedad.
Queremos trabajo", disparó Juan Carlos Schmid, secretario general de la
central obrera.
Mientras tanto, Alfonso Prat-Gay, ministro de
Hacienda y Finanzas, y Federico Sturzenegger, presidente del Banco Central,
avanzan con sus estrategias. El primero cerrará hoy la primera etapa del
blanqueo con un número final de dinero depositado en las cuentas que superó las
expectativa. Además, un grupo de funcionarios de Hacienda preparan sus valijas
para aterrizar en Washington a comienzos de diciembre; allí intentarán cerrar
un acuerdo de intercambio tributario que pone el coto a dueños de inmuebles o
cuentas en Estados Unidos que estén sin declarar. El objetivo, claro está, es
avanzar con señales concretas para incentivar a los dubitativos a que declaren
sus tenencias en el exterior y empiecen a pagar sus obligaciones.
Por su parte, Federico Sturzenegger
continuará con su estrategia de cumplir las metas de inflación e ir bajando la
tasa de referencia para calentar un poco el alicaído mercado. Su desvelo está
lejos de Trump y más cerca de los dólares que aterrizaron en las cuentas
bancarias post vencimiento de la primera etapa del blanqueo. Habrá mayor oferta
y, en consecuencia, más presión para evitar que el peso se aprecie.
Las altas temperaturas pondrán también un
nuevo foco de debate en escena: las interrupciones típicas del servicio de
electricidad. Desde AEA preparan para el 30 de este mes un encuentro poniendo
el tema de la energía en la mira. Creen que puede ser el puntapié inicial para
reactivar otro de los sectores clave por la inversión que demanda.
Por último, aparecen los inversores que son
más que pragmáticos: se mueven por el GPS de la rentabilidad. Brasil en baja,
costos altos en la Argentina y un mercado doméstico frenado no aparecen como
los mejores anzuelos para acelerar los desembolsos. El giro político los seduce
pero aún miran de reojo la historia económica local y se preguntan si la
decisión de tener el poder económico licuado entre ocho ministros no terminará
llevando el problema al propio despacho del presidente.
Escribió
José Del Río para LA NACION