Se trata del Instituto Próvolo, una
institución católica para niños con problemas de audición, de la localidad
mendocina de Luján de Cuyo.
Los primeros detenidos fueron los sacerdotes
Nicolás Corradi, de 82 años, Horacio Corbacho, de 55, José Luis Ojeda, un joven
con discapacidad que trabajaba en el Instituto Antonio Próvolo.
A ellos se sumó en las últimas horas el
cuarto detenido, un hombre que realizaba tareas administrativas y se
desempeñaba como monaguillo en las ceremonias religiosas, en el instituto
ubicado en calle Boedo, de la localidad de Carrodilla, en Luján de Cuyo.
Su detención ocurrió tras las declaraciones
realizadas por testigos, quienes lo apuntaron como partícipe de los vejámenes
que se venían produciendo en el instituto desde 2007, por lo menos.
El fiscal Fabricio Sidoti, a cargo de la
investigación, confirmó los cuatro sospechosos están imputados por los delitos
de "abuso sexual agravado por la guarda y la convivencia preexistente con
menores, en concurso real con corrupción de menores".
"Los chicos en su relato dicen que los
llevaban a la Casa de Dios, un lugar que hay en el instituto, donde los metían
y las víctimas veían a través de las rendijas de la puerta lo que pasaba",
dijo el funcionario judicial en declaraciones a radio Nihuil.
Las víctimas "veían estos hechos que
realizaban los curas, con acceso carnal, sexo oral", sostuvo, y agregó que
se trata de "testigos que son víctimas directas".
El fiscal Sidoti precisó que los niños habían
participado de las testimoniales en calidad de testigos, pero durante la
declaración surgió que "ellos también fueron víctimas".
"Eran chicos sordo mudos de 10, 12 años,
supuestamente en el colegio no se les permitía tampoco hablar por señas y en
ese momento, ellos tampoco sabían comunicarse. Ellos lo único que veían era que
los curas se los llevaban", añadió.
La "máscara”
del espanto
La institución, en su ala eclesiástica,
responde a la congregación de las hermanas de la Compañía de María, cuyo
fundador fue el propio sacerdote Antonio Próvolo y que se ha dedicado, desde
1800 a la educación de niños sordomudos. En su aspecto educativo, la escuela
responde a la Dirección de Educación Privada, de la Dirección General de
Escuelas (DGE).
La sede Luján, situada en calle Boedo, tiene
un predio de seis hectáreas. Una mamá que llevaba a su hija a hacer
estimulación temprana al instituto contó que se trataba de un "monstruo
enorme".
"Fui dos veces por semana durante tres
años, nunca conocí a los curas, pero sabía que se manejaban desde Italia, a las
monjas sí las veía", comentó. Recordó que su hija –hoy una adolescente de
16 años– fue hace una década al Próvolo para que le diagnosticaran el grado de
hipoacusia que tenía.
"Me llamó muchísimo la atención lo mucho
que insistían en que siguiera el tratamiento cuando ya no le hacía falta. Me
parece que necesitaban justificar el monstruo que era: era muy grande, había
habitaciones, tenían un comedor muy grande. Era privado, pero recibían obras
sociales", dijo. "Era una inversión grandísima. Nunca vi la parte
donde se quedaban, era muy cerrada la cosa, muy oscuro. Traían chicos de otras partes,
chicos que, al ser sordomudos completos, les ofrecían el albergue", contó.
Una ex trabajadora de la escuela –pidió
estricta reserva de su nombre– coincidió en este aspecto "cerrado"
que mantenían los curas con respecto a los albergues.
"Los curas nos contrataban, tuve una muy
mala experiencia en ese colegio", recordó la mujer que trabajó durante
diez años. Contó que la institución está dividida en tres partes: el albergue,
los talleres y la escuela, que funcionaba en la mañana y que estaba separada de
todo lo demás.
Dijo: "El edificio es muy grande, es
enorme, impresionante, tiene un ala central que es la escuela y dos laterales
que son los albergues y el taller. Es muy cómodo y muy moderno, en algún
momento se dijo que era la mejor escuela para hipoacúsicos de Sudamérica",
contó la entrevistada.
"Nos hablaban de darles servicios a los
chicos pobres, asistían unos 60 chicos, era una educación súper personalizada.
El albergue se construyó en 2002, pero desde la parte educativa no teníamos
injerencia en nada. Ellos iban a buscar chicos a otros lados. Para mí, ellos
querían albergar gente porque las obras sociales pagaban muy bien por eso y
tenían ingresos muy importantes", comentó la mujer.
Dijo que el trato con los chicos que eran
albergados era directamente entre los padres y los religiosos, y que los
albergues estaban siempre con llave. "Tenían varias capillas, una dentro
del mismo colegio y una en cada albergue. No sé a qué se refieren con eso del
'lugar de Dios'", agregó.
"Las maestras teníamos prohibido hablar
del albergue, eso significaba siempre una pelea, una discusión o una agresión.
Nunca sospeché lo que podía pasar", sostuvo.
Sobre cómo eran los sacerdotes que hoy están
imputados por los abusos, dijo que el padre Nicolás –el octogenario– es
"una persona muy desequilibrada". "Era muy pendenciero, agredía
mucho a los docentes enfrente de cualquiera. Había un chico sordo que tenía
algún tipo de relación con el padre Nicolás, fue una temporada y volvió. Y el
padre Horacio –por Corbacho– estaba en contra del albergue. Tengo dudas si ha
estado en 2007, creo que se fue ese año y volvió hace seis meses", contó.
La DGE formalizó una mesa de seguimiento de
las actividades en el establecimiento donde habrían ocurrido los vejámenes. Las
clases están suspendidas. La orden religiosa no podrá tener contacto con los
alumnos.