Hace ya varias décadas que la región de Neuquén está signada
por la actividad petrolífera. En ella se explotan pozos extractivos cuya vida
útil está alcanzando sus últimas etapas y, con esto, emergen mayores exigencias
en la cantidad y calidad del agua que se requiere para la extracción.
Una vez que los pozos se encuentran agotados o tienen baja
presión, comienzan con lo que se conoce como explotación secundaria, una
técnica que requiere mayor presión y cantidad de agua que se inyecta para
extraer todo el petróleo posible de ellos.
Si bien las instalaciones que se ocupan del tratamiento
fueron sobrediseñadas -es decir, construidas para albergar grandes cantidades
de fluidos-, las necesidades de la industria van colmando su capacidad y
aumentando sus requisitos, como ocurre en muchos de estos pozos que iniciaron
la etapa de recuperación terciaria, en la que al agua también se le agregan
aditivos químicos.
Es así que este líquido, denominado "agua producida”,
adquiere características verdaderamente nocivas para el medio ambiente: su
nivel de salinidad supera en cinco veces la concentración de sal en el mar,
motivo suficiente para hacer un control exhaustivo de su recuperación.
Por esta problemática, la profesora de
El filtro, cuyo principio de funcionamiento fue probado
exitosamente en laboratorio, permite sintetizar en un solo filtrado todas las
etapas actuales de tratamiento de agua, cualidad por la que se consagró con el
premio INNOVAR 2015, otorgado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e
Innovación Productiva (MINCYT). El próximo paso de este equipo es la evaluación
de su performance a escala industrial.
"Queremos reemplazar la tecnología extranjera con desarrollo
local y tener la capacidad de dar una respuesta rápida”, subraya la ingeniera y
directora del proyecto en diálogo con Agencia CTyS-UNLaM, quien asevera que
"todo ingeniero químico debería estar comprometido con el agua”.
Este dispositivo fue realizado a partir de piezas usadas en
la industria y sus principales protagonistas son las puzolanas, rocas
volcánicas que han sido químicamente modificadas para que, al pasar el agua
sobre ellas, sean capaces de retener el hidrocarburo, diseminado en
pequeñísimas gotas de tamaño nanométrico, en su parte superior.
Para lograr esta reacción, la creatividad y la química
resultaron fundamentales, porque la puzolana, en su estado natural, es un
sólido hidrofílico, es decir, que tiene atracción por el agua y es mojable en
ella, pero, en este caso, los científicos necesitaban que se comportara
radicalmente al revés, repeliéndola.
De ahí que el equipo consiguió una roca volcánica
"hidrofóbica” y, de esa forma, "funcionalizada”, a partir del anclaje de un
componente químico en su superficie -el silano-, que se mantiene unido a la puzolana
por medio de un enlace covalente con los hidroxilos que allí se encuentran.
Esto fue lo que permitió que la unión no se rompa aún con el paso del agua.
Además, este dispositivo no solo cumple la función de
erradicar los hidrocarburos, sino que discrimina también el sulfuro de hierro,
contaminante con alta presencia en este sector. "La construcción del filtro y
el desarrollo de la tecnología local nos parece vital porque las plantas de
tratamiento actuales están alcanzando o han superado su máxima capacidad de
tratamiento”, alerta la investigadora.
En esa línea, sostiene que "el binomio agua-energía es un
compromiso humano” y argumenta que el mejoramiento de la tecnología de filtrado
no solo apremia al sector extractor, sino que también es un tema a tratar en
las grandes urbes. El agua utilizada en las estaciones de servicio es un
ejemplo de ello, ya que fluye hacia los desagües cargada de hidrocarburos.
Actualmente existen equipos que explotan otro mecanismo,
como los sistemas de aire disuelto (DAF), que inyectan gas a presión en el agua
para formar un enjambre de burbujas que adsorben al hidrocarburo y lo colectan
en la superficie, pero estas tecnologías tienen un alto nivel de costo.
A su vez, es frecuente el uso de filtros de arena y otros
denominados "inteligentes”, que son importados. Frente a esta variedad, la
investigadora subraya la necesidad de desarrollar tecnologías alternativas
sustentables, nacionales e innovadoras, y ese pensamiento se ve reflejado en el
proyecto que, este año, tiene como meta disponer de diez prototipos a prueba en
distintas petroleras.
"Nosotros participamos en la industria desde el punto de
vista de la transferencia tecnológica, de manera que sabemos cuales son las
necesidades y, por eso, el prototipo surge como una contribución a la sociedad
y al desarrollo productivo”, indica.
Al respecto, señala que ese vínculo académico-industrial se
forjó con la ayuda de la empresa INSE S.R.L, de la ciudad de Neuquén, que
brindó su infraestructura para desarrollar el proyecto a escala prototipo.
Concluye que esta unión de ambos sectores debe atender aquellas variables que
repercuten en la sociedad y el ambiente en su conjunto: "No podemos permitir
que la flora, la fauna o las personas estén contaminadas por el agua. Tenemos
que unirnos y, entre todos, salir adelante”.
Fuente: Agencia CTyS