Trascendió que el
presidente de la compañía estatal renunciaría en la próxima asamblea de
directivos, a realizarse el 30 de abril, y la confirmación de su salida se da
en medio de múltiples rumores de cambios dentro de la petrolera. Para que la
decisión de Galuccio quede firme de acuerdo con el estatuto de la empresa, el
directorio y, en particular, la asamblea de accionistas debería convalidar su
decisión.
Galuccio intentó
hasta último momento continuar en la conducción de YPF. Es por esto que desde
su llegada se encargó de tejer lazos con todo el arco político, incluido el
macrismo. El ejecutivo cultivó una relación cercana con Mauricio Macri cuando
era jefe del gobierno porteño, pero el vínculo se enfrió en la última etapa del
año pasado.
En el Gobierno
estaban divididas las aguas con respecto a la continuidad del ejecutivo. El
bando denominado "eficientista", que entre otros encabeza Gustavo
Lopetegui, el ex jefe de la aerolínea LAN en el país, evaluaba sostenerlo. Del
otro lado estaba el ministro de Energía y Minería, Juan José Aranguren. El ex
presidente de Shell sostiene desde hace tiempo que, si fuese por su criterio,
Galuccio debería abandonar la compañía.
Hasta la semana
pasada, el presidente de YPF aceptaba la idea de dejar la Presidencia de la
empresa (el Gobierno preveía que ese cargo quedaría para Miguel Gutiérrez, el
ex CEO de Telefónica), pero se mantendría como CEO, es decir, en el rol de
gerente general, aunque tenía previsto negociar cierta autonomía relativa.
Sin embargo, la
semana pasada volvieron a intensificarse las discusiones en torno a su
continuidad. En una reunión con legisladores de Cambiemos en el Congreso,
Aranguren sostuvo que YPF estaba sobreendeudada. Quien transmitió el mensaje
fue el titular de la Cámara Alta, Federico Pinedo, a través de la red social
Twitter. Su voz generó desconcierto en YPF.
Desde la
estatización, YPF elevó el endeudamiento desde unos US$ 2000 millones hasta los
US$ 7000 millones, según números estimados. Debe afrontar intereses por US$ 800
millones anuales, si bien descuenta una parte importante por impuestos.
El nudo que
comenzaron a desatar Aranguren y Pinedo era el final de un ovillo enrevesado.
Quien planificó el plan de endeudamiento de YPF es Daniel González, su CFO, un
hombre cercano y de mucha confianza de Mario Quintana, ex conductor del fondo
Pegasus y el actual vicejefe de Gabinete (tiene a su cargo la coordinación de
las áreas económicas, a tal punto que formó parte del equipo argentino que
negoció la salida del default). Basta con decir que es uno de los directores de
Pegasus.
Entre sus
allegados, González rechazó la crítica de Aranguren por imprecisa. Según su
criterio, la compañía no está sobreendeudada y, si ocurre eso en el último
semestre, sería su tarea recorrer el camino del desendeudamiento.
Pero esta lectura
de Aranguren fue advertida por Galuccio como una declaración de guerra. El
domingo pasado el diario La Nación publicó una extensa entrevista al ejecutivo.
Allí sostenía: "Las decisiones de YPF pasan por la asamblea. Yo nací en
YPF, soy profesional de YPF, me fui a trabajar al exterior y volví. Parte de mi
tarea hoy es preparar a la gente que me reemplazará. YPF no es Miguel Galuccio.
YPF es un montón de profesionales que trabajan día y noche y que tiene un
compromiso impresionante con la empresa, con una gran motivación. Si YPF me
necesita, yo voy a estar acá, y si YPF tiene alguien mejor para que corra su
negocio, me voy a poner contento de ver a la empresa en una nueva etapa".
Galuccio llegó a la Argentina en 2012 para conducir la etapa estatal de la petrolera. Había dejado un alto cargo en Schlumberger, con sede en Londres.