La crisis de Brasil ha golpeado con severidad
a la industria manufacturera de su mayor socio en el Mercosur, porque trajo
como principal efecto el derrumbe de las exportaciones de automotores, además
de productos siderometalúrgicos, que determinaron suspensiones de personal en
las plantas fabriles que se han concentrado en abastecer ese mercado.
En el primer caso, el Indec detectó en julio
una caída de la producción manufacturera de 12,2%, y en el segundo de 14,2 por
ciento.
Pero además se agregó la notable parálisis
que afecta a la rama de la construcción, al punto que el Indec midió en ese
caso un derrumbe de 23,1% y de 11,2% en la fabricación de materiales
relevantes, como cemento, ladrillos, pinturas, entre otros.
También anotaron bajas de dos dígitos
porcentuales la producción de papel y cartón (13,2%); detergentes y productos
para la higiene personal (11,5%); y en menor medida la de gases industriales,
metalmecánica y refinación de petróleo.
En los primeros siete meses la actividad
fabril se contrajo 4%
Es muy común oír preocupaciones de los
empresarios por la pérdida de competitividad cambiaria y por la falta de
condiciones plenas para dar impulso a las decisiones de inversión, sobre todo
luego de las marchas y contramarchas en la resolución de la política tarifaria.
Sin embargo, poco hablan de la debilidad del mercado interno.
Casi
un tercio de los industriales presupuestó menores ventas al mercado interno en
el tercer trimestre respecto de un año atrás.
Pero del resultado de la Encuesta Cualitativa
Industrial que mes a mes hace el Indec, y que en el último sondeo extendió para
el trimestre agosto a octubre, surgió que casi un tercio de las empresas
presupuestó una disminución de las ventas al mercado doméstico, en contraste
con apenas uno de cada seis que planificó aumento, en comparación con el nivel
de similar período del año anterior. De ahí surgió un saldo de respuesta
negativa de 12,3% de los casos.
Por el contrario, las expectativas resultaron
casi neutras en términos de comercio exterior, tanto de exportaciones de
productos terminados, como de importaciones de insumos claves para el proceso
productivo.
Tras seis meses de sostenido y creciente receso
fabril, en parte asociado a una relativamente alta base de comparación que
alentó el año electoral, se proyecta una agudización de la subutilización de
las plantas industriales, tras haber alcanzado un pico de 38% en julio, habida
cuenta de que poco más de uno de cada cinco empresarios presupuestó un menor
ritmo fabril, frente a sólo 8,2% de los consultados que planificó aumentarlo.
La consecuencia de esa decisión será una
nueva disminución de la nómina de personal, con un neto de 5% de los casos, que
es el resultado de 12,3% de las firmas que prevé recorte y 7,4% que estimó
incremento.
Un resultado negativo similar se observó en
las expectativas de las horas trabajadas, en ese caso con 15,6% que proyectó
menor intensidad laboral y 10,6% que vaticinó aumento.