Extractos de la columna de Morales Solá
"No hay un sermón de Durán Barba capaz de neutralizar
el efecto fulminante que tienen las decisiones equivocadas. Varias encuestadoras
han advertido ya que el Presidente y su gobierno derrocharon una parte
importante de la popularidad que habían conquistado en enero. Las mediciones
cubrieron hasta el conflicto del Correo, aunque no el de las jubilaciones.
"Esas decisiones fueron rectificadas por el
Presidente, pero ya se agotó, en lo que
va de febrero, el margen de error de un año electoral. Las rectificaciones
son siempre encomiables, pero el exceso
de ellas puede fatigar a la sociedad. Nunca se sabe cuál es la última
decisión.
"El peronismo carece de un liderazgo capaz de
capitalizar los errores políticos de la administración de Macri . Por ahora.
Una victoria electoral, aunque fuere parcial y fragmentada, creará de hecho un
liderazgo, nuevo o viejo. Ya se ha visto
en las últimas dos semanas la capacidad del peronismo para complicarle la vida
a un gobierno decidido a enredarse en sus propias complicaciones. Peor: el
peronismo anticipó cómo sería la vida de Macri si perdiera las próximas
elecciones. Se acabó la duda entre los que pronosticaban una derrota dulce o
una derrota dura. Será dura, si
existiera la derrota.
…
Hasta sus propios economistas criticaron a Macri por
impulsar una actualización de las asignaciones a los jubilados de acuerdo con
la doctrina de la Corte. Entregó toda la recaudación impositiva por el blanqueo
de más 100.000 millones de dólares para ese aumento de las jubilaciones y
comprometió los recursos fiscales por muchos años. ¿Por qué enredarse ahora con
quitas en los aumentos que iban entre 17 a 100 pesos? Fuentes oficiales
aseguran que la decisión no fue del titular de la Anses, Emilio Basavilbaso, ni
del ministro Jorge Triaca. ¿De quién fue la culpa, entonces? ¿La desesperación
por bajar el déficit instigó, acaso, la impolítica decisión de empezar el año
electoral podando aumentos a los jubilados, aunque fueran pequeños gajos?
Juntar en el tiempo y en el espacio a los jubilados
con el Correo de Franco Macri es una
fórmula letal para la popularidad del Gobierno. Y es, también, la mejor
mezcla que puedan darle a la oposición. La transparencia que pregona el
Gobierno debió empezar haciendo públicas las primeras negociaciones de los
funcionarios con el grupo Macri.
El Presidente tiene de hecho un conflicto de intereses. Debe preservar los intereses del Estado
y, al mismo tiempo, está obligado a cuidar el capital que heredarán sus hijos.
No importa si estaba al tanto, o no, de la negociación. El conflicto existe y, por eso, debieron tomarse recaudos que en
otros casos no hubieran sido necesarios.
Nadie tuvo en cuenta, además, que muchos fiscales
(otros discípulos de Gils Carbó) militan en la oposición a Macri y están
dispuestos a llegar al absurdo jurídico con el propósito de debilitarlo; hay
cerca de 100 causas iniciadas desde que el Presidente accedió al poder.
Un fiscal llegó
a pedir el allanamiento de la Casa de Gobierno por el caso del Correo en un
expediente por "daños al Estado". …. Esos fiscales también forman
parte de la campaña. Es lo que hay. Al Gobierno sólo le queda el recurso de
complementar la eficiencia en la gestión, que existe en muchos funcionarios, con la eficiencia política, que escasea.
Una encuestadora, que registró la caída en la
popularidad del Gobierno, señaló también como una posible causa la confusión de
la sociedad con respecto a las compras en cuotas.
Es buena la decisión de distinguir entre lo que un
artículo cuesta al contado o en cuotas, porque los intereses que se pagaban
eran confiscatorios. Le proporciona opciones al ciudadano para disponer sus
compras. La comunicación fue pésima. Resulta que existe el Ahora 12 y que el
Gobierno está negociando con los bancos privados (ya lo hacen los bancos
públicos) para que existan planes de hasta 50 cuotas con tasas razonables. Es
decir, no se terminaron los pagos en cuotas, pero gran parte de la sociedad
cree que sí.
Como dice Durán Barba, la política se reduce más a
"sensaciones" que a palabras. El gurú electoral señala esa realidad
para hablar bien de las "sensaciones" que protegen al Gobierno de un
temor colectivo al regreso del populismo cristinista. Tiene razón.
Resulta, sin embargo, que las "sensaciones"
también sirven para dejar mal parado al Gobierno. El peronismo maneja
incomparablemente bien el arte de esconder sus vergüenzas y de fijar esas
"sensaciones" contra una administración no peronista (un gobierno de
ricos que gobierna para los ricos o una familia empresaria que hace negocios
con el Estado). Son las reglas de un juego que los funcionarios parecen no
saber jugar.