Según Vidal y otros funcionarios que lo visitaron

El papa Francisco visitará la Argentina entre marzo y abril de 2018

Se lo confirmó a Vidal, Stanley y Salvai, con quienes se reunió el 25 de febrero. Al Sumo Pontífice ya no le gusta que digan que ejerce un “papado populista”
domingo, 12 de marzo de 2017 10:08
domingo, 12 de marzo de 2017 10:08

La noticia sorprendió incluso a los que más colaboraron para que se concretara, ya que se sabía que ambos tenían especial ansiedad por ese encuentro personal, cara a cara. Se cuidaron mucho las formas, el Sumo Pontífice no quería herir las susceptibilidades de Mauricio Macri. Por eso no hubo invitación del Vaticano, ni la Gobernadora pidió audiencia. Fue, apenas, una reunión privada.

Pero algo, específicamente, no se supo: la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, y su esposo, el jefe de de Gabinete de la provincia de Buenos Aires, Federico Salvai, estaban allí presentes, aunque no aparecieron en la foto. El matrimonio estaba en Roma desde hacía varios días, descansando después del tratamiento que Stanley encaró para superar una dura enfermedad, sobre la que el Papa se interesó casi cotidianamente, hasta que supo de la evolución satisfactoria.

Aunque no se lo preguntaron, Francisco les contó que pensaba viajar a la Argentina en el 2018, entre finales de marzo y principios de abril, cuidando evitar dos fechas lacerantes de nuestro pasado reciente, el 24 de marzo y el 2 de abril. Antes irá a Chile y después a Uruguay. El dato es central porque habían trascendido informaciones en sentido contrario, transmitidas por el obispo auxiliar de Santiago de Chile, Galo Fernández, que causaron desconcierto en la feligresía local y fueron desmentidas por el vocero Vaticano.

Francisco espera congregar a 20 millones de personas en las cinco provincias a las que quiere llegar en su recorrida y ya hay un equipo en Roma trabajando para organizarla.

De todos modos, la confirmación de la fecha se realizará más cerca de fin de año, seguramente en octubre, fuera del calendario electoral. Por otro lado, se supo que en Argentina se empezará a trabajar en la gira papal después de que se elija la nueva Comisión Episcopal, o sea, a partir de junio.

Lo importante es que el Gobierno nacional ya está informado de que, en el 2018, Jorge Bergoglio volverá al país del que salió el 26 de febrero de 2013 sin saber que unos días después, el 13 de marzo, sería ungido Papa, el primero no europeo de la historia de la Iglesia Católica.

Mañana se cumplen cuatro años de ese momento mágico en el que la mayoría de los argentinos sentimos que Dios no nos había abandonado.

Para conmemorarlo, la edición en lengua española de L'Osservatore Romano que editan, desde Buenos Aires, Marcelo Figueroa y Santiago Pont Lezica, fue dedicada íntegramente a celebrar el pontificado de Francisco a través de distintos artículos, desde su "protopapado", con la intervención del por entonces cardenal argentino en las Congregaciones Generales previas al cónclave, donde abogó para que el próximo Papa sea alguien que "ayude a la Iglesia a salir de sí hacia las periferias existenciales".

Por primera vez fue publicado el manuscrito de esa intervención, con la conocida letra mínima y prolija de Francisco, que encierra los cuatro puntos que resumían su visión de lo que debía constituir el próximo Papado. Se trata de un documento de alto valor histórico, rescatado por el cardenal Claudio Hummes, que estaba sentaba a su lado.

La otra nota importante es la escrita por Antonio Spadaro, director de la revista jesuita italiana La Civiltá Cattólica, cuyos artículos son revisados por la Secretaría de Estado del Vaticano. Se titula "La diplomacia de Francisco" y pone eje en lo que él llama la "geopolítica bergogliana", a saber, el intento de que la unción del bálsamo evangélico desate los nudos de la discordia y fluya la reconciliación entre los más distintos, aún cuando se consideren enemigos.

El vínculo entre el Gobierno de Cambiemos y el Movimiento Evita, o entre Vidal y Stanley y los dirigentes sociales Emilio Pérsico y Juan Grabois debería leerse en concordancia con esa visión, es decir, un relacionamiento no exento de prejuicios y temores mutuos pero que, en definitiva, busca garantizar un salto en la calidad de vida de amplias franjas de la población que están sumergidas hace décadas y, al tiempo, genera condiciones inequívocas de gobernabilidad.