En la Antártida, en la Base Esperanza, la Escuela Provincial Nº 38 Presidente Raúl Ricardo Alfonsín siguió dando clases presenciales, como siempre, como si nada de todo esto que vivimos el resto de los mortales hubiese pasado. La historia la trae Clarín, que dialogó con la seño Mariana Ibarra y el profe Víctor Navarro.
La Escuela Provincial Nº 38 Presidente Raúl Ricardo Alfonsín es la única del mundo en el continente polar. El 5 de marzo, como en muchos otros lugares de Argentina, iniciaron las clases pero, a diferencia de lo que pasó por estos lados, los chicos nunca dejaron de asistir. Son 14 los alumnos entre jardín, primaria y secundario. La seño Roxana Carrizo se ocupa del nivel inicial y Mariana y Víctor de la primaria. En la secundaria hay cinco alumnos de entre 13 y 18 años que reciben la educación a distancia de la Plataforma Educativa Digital del Ejército Argentino y son asistidas por Natalia Pereyra.
Es difícil llegar a la escuela pero lo hacen religiosamente unos minutos antes de las 8 de cada día. "En el camino puede haber hielo y hay que sacarse la ropa de abrigo y ponerse más cómodos sin demorar las clases", le cuenta Mariana a Clarín.
Los únicos días en los que no van a la escuela son aquellos en los que corren vientos de más de 30 nudos. Nadie puede salir de sus casas en esas condiciones por lo que se manejan con internet, celulares y compus.
Saben del coronavirus porque quedaron familiares en el continente. "Amigos, abuelos", dice la profe. Y, a pesar de que allá no hay rastros de la enfermedad, se adoptaron las medidas sanitarias de base, como toser en el codo, el uso de alcohol en gel o el buen lavado de manos.
Mariana y Víctor son matrimonio y sus dos hijos también asisten a la escuela. Juan Ignacio está en 2do grado y Victoriano en 6to.
"La decisión de volver a enseñar aquí la incentivaron nuestros hijos tras la linda experiencia que compartimos en 2018. A ellos les encantan las actividades en la nieve, con trineos y la vida al aire libre. Porque hay días que hace -20° pero hay otros con temperaturas positivas y cielo soleado", cuentan.
Camino a casa, el paisaje es bien diferente al de nosotros. Los chicos pueden cruzarse, por ejemplo, con 10 o 15 pingüinos de la colonia Adelia y Papúa caminando.
En la escuela, además de que los chicos adquieran los contenidos educativos, por la tarde hay talleres de inglés, guitarra, folclore, tecnología, ajedrez, cocina o educación física para todas las edades.
Allí, hay 10 familias y otros tantos que están solos.
"Somos unos privilegiados al poder practicar la docencia, que es para lo que nos formamos y vinimos a la Antártida", asegura Víctor tras contar su historia.
Publicado por Diario Uno