El deterioro de los pétalos se produjo por dos fuertes tormentas de viento y lluvia, ocurridas en diciembre de 2023 y marzo de 2024, que provocaron la caída de varias piezas. La restauración implicó un trabajo conjunto entre una empresa metalúrgica y un ingeniero aeronáutico, dada la complejidad estructural de la flor metálica.
El proceso de recolocación del sexto y último pétalo comenzó a primera hora de la mañana y, a las 10:30, la grúa pluma logró posicionar la pieza más grande sobre el tallo mediante pernos gigantes, marcando el final de la intervención más delicada del operativo. Cada pétalo, construido en acero inoxidable y aluminio, pesa alrededor de 3,5 toneladas y todos poseen formas distintas, con el recién colocado siendo el de mayor tamaño.
Desde el Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana informaron que la flor ahora quedará abierta al máximo de su capacidad, permitiendo observarla en toda su magnitud. Próximamente se pondrá a punto el espejo de agua en la base y el sistema de iluminación que acompaña la obra. Además, se repuso uno de los cuatro pistilos que había colapsado, los cuales también cuentan con iluminación.
El proceso de restauración comenzó en mayo de 2024, cuando los pétalos fueron desmontados y trasladados a la playa de infractores de tránsito, detrás de la Facultad de Derecho, para evaluar daños estructurales. Posteriormente, las piezas se trasladaron en camiones carretones hasta Baradero, donde la empresa metalúrgica Furtan realizó los trabajos bajo supervisión de un ingeniero aeronáutico.
Catalano concibió la estructura de la flor como si se tratara de partes de un avión, por lo que su fabricación se realizó en Lockheed Martin Aircraft Argentina, actualmente conocida como Fábrica Argentina de Aviones en Córdoba. Tras superar varios obstáculos logísticos, como la imposibilidad de transportar algunas piezas bajo el puente peatonal de Avenida del Libertador, los pétalos fueron movilizados combinando transporte fluvial y terrestre hasta la Plaza de las Naciones Unidas.
El ministro de Espacio Público porteño, Ignacio Baistrocchi, destacó que ahora la ciudad cuenta con toda la documentación técnica, planos y detalles de construcción de la escultura, asegurando la preservación de este símbolo artístico para futuras generaciones.
La reposición del sexto pétalo no solo completa la obra visualmente, sino que también simboliza la recuperación y cuidado del patrimonio urbano, reafirmando a Floralis Genérica como un emblema cultural y arquitectónico de Buenos Aires.