Esta semana se conoció que en Barcelona abrió la primera fábrica del país dedicada a la producción de harina de grillo, un producto que ya comenzó a distribuirse en supermercados.
La empresa catalana Grillco, pionera en este rubro, no solo procesa los grillos, sino que también los cría en sus propias instalaciones. El objetivo, explican, es controlar todo el proceso para garantizar la calidad alimentaria. “Desde que nacen hasta que llegan a la mesa, los grillos son tratados como cualquier otro animal de cría”, explicó Francesc Picornell, uno de los fundadores de la empresa.
La harina de grillo, rica en proteínas, hierro y vitamina B12, se presenta como una alternativa “sustentable” frente a las fuentes tradicionales de proteína animal. Una vez deshidratados, los grillos son triturados hasta lograr una harina fina, que luego se envasa para su distribución. Según Juliana Villasante, cofundadora de Grillco, el producto es versátil y puede utilizarse en panes, pastas, barras energéticas y productos de repostería.
Europa dividida ante el “alimento del futuro”
El consumo de insectos comestibles genera posiciones encontradas en Europa. Mientras países como Italia han prohibido su uso en productos tradicionales como la pizza y el pan, en defensa de la identidad gastronómica, en España la industria avanza con el respaldo del gobierno de Pedro Sánchez.
De hecho, en Salamanca se construye lo que será la granja de insectos más grande del mundo, con una capacidad de producción de 100.000 toneladas anuales de gusano de la harina (tenebrio molitor), destinados a las industrias alimentaria, agrícola, cosmética y farmacéutica.
La apuesta por los insectos como fuente alimentaria está alineada con los objetivos verdes y sostenibles promovidos por Bruselas, que busca reducir la huella ambiental de la producción ganadera tradicional.
¿Estamos ante una revolución silenciosa en nuestra forma de alimentarnos? Mientras Europa debate, los grillos ya están llegando a los platos.