En su informe anual sobre libertad de prensa, la organización internacional Reporteros sin Fronteras (RSF) encendió una alarma en rojo para la Argentina. El país descendió 47 puestos en el ranking global desde que Javier Milei asumió la presidencia, y se ubica ahora en el puesto 87° entre 180 países. Se trata de uno de los peores retrocesos a nivel mundial en el último año, superado solo por Samoa y Kirguistán.
“El presidente Javier Milei estigmatizó a los periodistas, desmanteló los medios públicos y utilizó la publicidad estatal como arma política”, señala el documento, que ubica al gobierno argentino como un caso paradigmático de deterioro democrático vinculado a los medios de comunicación.
Ya en el informe anterior, que incluía los primeros meses del actual gobierno, RSF había advertido sobre un giro preocupante: Argentina cayó entonces del puesto 40 al 66. Hoy la caída se profundiza.
Un contexto de retroceso global, pero con rasgos propios
Si bien el informe 2025 de RSF expone un deterioro global en la libertad de prensa, con más de la mitad de la población mundial viviendo en países donde informar se considera “muy peligroso”, el caso argentino destaca por su velocidad y dimensión. El organismo advierte que la situación no solo es política, sino también económica: el cierre de medios por falta de financiamiento es cada vez más frecuente, en un contexto donde la pauta oficial es usada como mecanismo de presión o castigo.
A nivel regional, Brasil mostró un avance notable luego de la salida de Jair Bolsonaro, mientras Nicaragua, Cuba y Venezuela se mantienen entre los peores del continente. En América Latina, el caso más extremo es el de Nicaragua (puesto 172), donde, según RSF, “el régimen Ortega-Murillo ha erradicado los medios independientes y ha forzado al exilio a centenares de periodistas”.
Seguridad y economía: los factores más golpeados
De los cinco indicadores evaluados por RSF (seguridad, situación política, sociocultural, marco legal y presión económica), el más deteriorado a nivel mundial fue este último. En Argentina, la combinación de precarización laboral, censura económica indirecta y ataques discursivos formó un cóctel explosivo para los medios.
La directora editorial de RSF, Anne Bocandé, lo resume así: “Cuando los medios son económicamente frágiles, se vuelven presa fácil de oligarcas o políticos que los instrumentalizan”.
Una advertencia democrática
El informe destaca que la libertad de prensa no es un privilegio del periodismo, sino una garantía clave del sistema democrático. “Sin prensa libre, no hay control ciudadano”, insiste RSF.
Con las elecciones legislativas en puerta y un clima de polarización creciente, el deterioro del ecosistema mediático argentino plantea una inquietante pregunta de fondo: ¿Puede una democracia sostenerse con un periodismo cada vez más asfixiado?