La firma del pacto, mediada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fue anunciada por el propio mandatario norteamericano junto al primer ministro armenio, Nikol Pashinián, y el presidente azerbaiyano, Ilham Aliyev.
El acuerdo establece una hoja de ruta clara que incluye el cese definitivo de las hostilidades, la reapertura del comercio bilateral, la habilitación de viajes entre ambos países, el restablecimiento de relaciones diplomáticas y el respeto mutuo por la soberanía y la integridad territorial. Estos pasos significan un avance fundamental para lograr una paz duradera y sostenible en una región que ha sido escenario de uno de los conflictos más largos y complejos de la era post-soviética.
Uno de los elementos más destacados del acuerdo es la creación del denominado “Corredor Ruta de Trump para la Paz y la Prosperidad Internacional” (TRIPP), antes conocido como Corredor de Zanguezur. Este corredor, que tendrá una extensión aproximada de 43 kilómetros, atravesará territorio armenio para conectar Azerbaiyán con su exclave de Najicheván, facilitando el tránsito comercial sin restricciones. Aunque Armenia mantendrá el control legal del territorio, Estados Unidos asumirá derechos de desarrollo sobre esta ruta estratégica, un detalle que subraya la creciente influencia estadounidense en la región y el desplazamiento progresivo del rol tradicional de Rusia como mediador.
El conflicto entre Armenia y Azerbaiyán tiene raíces que se remontan a finales de la década de 1980, cuando la región de Nagorno-Karabaj —una zona de mayoría armenia dentro del territorio azerbaiyano— reclamó su separación con apoyo armenio. Esto desembocó en la Primera Guerra de Nagorno-Karabaj (1992-1994), que dejó más de 30.000 muertos y concluyó con la ocupación de amplias zonas azerbaiyanas por fuerzas armenias. Desde entonces, el alto el fuego fue frágil y estuvo marcado por episodios de violencia recurrente, incluyendo una guerra relámpago en 2020 que terminó con importantes cambios territoriales a favor de Azerbaiyán.
A pesar de los múltiples intentos de diálogo y acuerdos temporales, la tensión entre ambos países persistió, y la intervención de Rusia como garante de la paz fue determinante, aunque sin resolver el conflicto definitivamente. Sin embargo, desde la ofensiva militar de Azerbaiyán en 2023 y la retirada posterior de tropas de paz rusas, la influencia de Moscú ha ido disminuyendo, permitiendo que Estados Unidos tome un rol más protagónico en la búsqueda de una solución diplomática.
El compromiso firmado este viernes en Washington representa no solo un paso hacia la reconciliación entre Armenia y Azerbaiyán, sino también un cambio estratégico en la geopolítica del Cáucaso Sur. La Unión Europea celebró el acuerdo y reafirmó su apoyo al proceso de normalización bilateral, comprometiéndose a facilitar inversiones para mejorar la conectividad regional y promover la estabilidad, la prosperidad y la paz sostenible.
En declaraciones posteriores a la firma, Donald Trump destacó la importancia del acuerdo y aseguró que Armenia y Azerbaiyán se han comprometido a respetar la integridad territorial mutua y a impulsar un clima de cooperación y desarrollo conjunto. Por su parte, el primer ministro Pashinián y el presidente Aliyev manifestaron su disposición a dejar atrás años de conflictos y trabajar juntos por el bienestar de sus pueblos y la región en general.
Este acuerdo, considerado histórico por analistas internacionales, podría marcar el fin de uno de los conflictos post-soviéticos más prolongados, y abrir la puerta a una nueva etapa de diálogo y colaboración en el Cáucaso Sur, una zona que durante décadas estuvo envuelta en violencia, desplazamientos masivos y tensiones diplomáticas.