Las rocas que hoy sobresalen entre hielo, viento extremo y nieve perpetua guardan fósiles de criaturas marinas que vivieron cientos de millones de años antes de que existiera la cordillera del Himalaya.
Este hecho, confirmado por geólogos y paleontólogos a lo largo de años de investigación, revela una historia fascinante sobre cómo el planeta cambia con el paso del tiempo. Lo que hoy es una montaña gigantesca fue, en un pasado remoto, el fondo de un océano lleno de vida.
La historia comienza en el antiguo Océano Tetis, un enorme mar que existió entre hace unos 250 y 66 millones de años. En sus aguas se acumulaban sedimentos, restos de moluscos, algas calcáreas y fragmentos de esqueletos que, con el paso del tiempo y la presión, se transformaron en capas de piedra caliza.
Muchas de esas rocas, que hoy se encuentran a casi nueve kilómetros de altura, se formaron en ambientes marinos poco profundos donde abundaban organismos como ammonites, braquiópodos y microfósiles conocidos como foraminíferos.
El gran cambio ocurrió cuando la placa india comenzó a desplazarse hacia el norte hace unos 120 millones de años. Finalmente, hace unos 50 millones de años, chocó con la placa euroasiática. Esa colisión empujó hacia arriba el antiguo lecho del océano, elevándolo y deformándolo hasta formar la gigantesca cordillera del Himalaya.
La cima del Everest está compuesta principalmente por la Formación Qomolangma, una capa de piedra caliza rica en fósiles marinos de aproximadamente 450 millones de años.
Este tipo de roca solo puede formarse bajo el agua. En ella se han encontrado fragmentos de crinoideos, ammonites e incluso pequeños dientes de antiguos tiburones, fosilizados mucho antes de que la montaña existiera.
En regiones cercanas, como el valle de Tingri en el Tíbet, también se conservan formaciones geológicas del Jurásico y el Cretácico repletas de fósiles notablemente bien preservados. Estos hallazgos permiten reconstruir cómo era el océano que ocupaba la región, su biodiversidad e incluso algunas características de su clima.
El levantamiento del Himalaya no es un proceso que haya terminado. La cordillera continúa elevándose lentamente debido a la presión constante entre las placas tectónicas india y euroasiática. Se estima que el Everest crece unos cinco milímetros cada año.
Esa misma fuerza también explica los frecuentes terremotos que afectan a Nepal y al norte de la India, zonas donde se acumula una enorme energía geológica.
Además, la cordillera influye directamente en el clima de Asia. Su gigantesca barrera modifica las corrientes de aire y determina el comportamiento de los monzones que afectan a millones de personas en la región.
Pensar en el Everest como un antiguo fondo marino cambia la forma de observar el planeta. Montañas que hoy parecen eternas alguna vez fueron sedimentos bajo kilómetros de agua, y rocas que hoy pisan los montañistas fueron arrecifes llenos de vida.
Los fósiles encontrados en la cima del Everest recuerdan que la Tierra nunca está quieta. Su presencia revela una historia de océanos desaparecidos, colisiones continentales y transformaciones gigantescas que, con el paso de millones de años, dieron forma al mundo tal como lo conocemos hoy