El descenso se produjo según lo previsto frente a las costas de San Diego, tras una compleja maniobra de reingreso que puso a prueba los sistemas de la nave y la resistencia de su tripulación.
La NASA confirmó que el vehículo espacial se encuentra en buenas condiciones con sus cinco globos naranjas inflados que le dan estabilidad a la nave en medio del oleaje del océano Pacífico.
La NASA comunicó que los astronautas se encuentran en excelente estado de salud, mientras esperan a los equipos de extracción de la cápsula. Un regreso a máxima velocidad La fase más crítica del operativo comenzó con el ingreso de la cápsula a la atmósfera terrestre a una velocidad cercana a los 40.000 kilómetros por hora.
Durante este tramo, el escudo térmico de Orión debió soportar temperaturas extremas de hasta 2.700 °C, generadas por la fricción con las capas más densas del aire.
Minutos antes, la nave se había desacoplado del módulo europeo de servicio, dejando expuesto el escudo protector y preparando a la tripulación para el descenso final.
El “apagón” y la fase decisiva
Uno de los momentos clave fue el denominado “apagón de comunicaciones”, un período de aproximadamente seis minutos en el que la cápsula quedó completamente incomunicada debido al plasma que se forma alrededor durante el reingreso.
Este fenómeno, habitual en misiones espaciales, se produjo cuando Orión atravesó una altitud de unos 120 kilómetros, en el tramo más exigente del descenso.
Paracaídas y amerizaje exitoso
Tras superar la fase de calor extremo, la cápsula desplegó su sistema de paracaídas, lo que permitió reducir progresivamente la velocidad hasta lograr un amerizaje controlado en el Pacífico.
Desde el interior, los astronautas confirmaron que se encontraban en buen estado, completando con éxito una misión que recorrió más de 1,1 millones de kilómetros en el espacio.