El primer ministro ultranacionalista Viktor Orbán, aliado de Donald Trump y de Javier Milei, perdió las elecciones legislativas celebradas este domingo en Hungría frente al partido Tisza, liderado por el conservador Péter Magyar, poniendo fin a 16 años de gobierno.
El propio Orbán reconoció su derrota y felicitó a Magyar por superarlo de forma contundente en las urnas. “Para nosotros el resultado es doloroso, pero ha dejado claro que no nos ha otorgado la responsabilidad de gobernar”, dijo ante sus seguidores el mandatario magiar y agradeció el apoyo de unos 2,5 millones de votantes para su partido.
Aun así, el líder de derecha populista, en el Gobierno desde 2010 con una mayoría parlamentaria de más de dos tercios, dijo que defenderá sus ideales desde la oposición. “¡No nos rendimos! ¡Nunca, jamás nos daremos por vencidos!”, exclamó Orbán en su breve discurso ante sus seguidores en Budapest.
Con la caída de Orbán, la ultraderecha en Europa y el mundo entero perdieron un importante referente. Numerosos líderes del movimiento soberanista internacional, como la francesa Marine Le Pen, el español Santiago Abascal o el italiano Matteo Salvini, pero también su admirador, el presidente argentino Javier Milei, o el vicepresidente estadounidense, JD Vance, viajaron en las últimas horas a Budapest para mostrar su apoyo a Orbán. Debido a la importancia de él para el movimiento populista ultraconservador, las elecciones húngaras han sido seguidas también con mucha atención por sus críticos, entre ellos, Ucrania y la Unión Europea (UE).
Más de dos tercios de escaños
De esta manera, el líder opositor conservador Péter Magyar y su partido, Tisza, superaron el umbral de una mayoría de dos tercios en el Parlamento. De acuerdo al conteo de votos, la oposición logró 137 de los 199 escaños, frente a 55 del hasta ahora gobernante partido Fidesz, que gobernó el país centroeuropeo desde 2010 con mayoría absoluta.
El tercer partido en la Cámara, Nuestra Patria, de extrema derecha, superaba por la mínima el umbral del 5 %, que le daba 7 escaños.
Con la cantidad de escaños que obtuvo Magyar, Tisza podría cumplir su promesa electoral de reconstruir el Estado de derecho en Hungría, que el sistema Orbán había reformado a su gusto, con una nueva Constitución, leyes que limitaban la libertad de prensa y otros derechos fundamentales.
El candidato conservador de 45 años, hasta hace apenas dos años militante del Fidesz, acudió al colegio electoral de su barrio en Budapest a las 08:25 de la mañana, rodeado por decenas de periodistas.
“Nadie debe tener miedo, hoy habrá un cambio de sistema en Hungría. Millones de húngaros harán historia. No hay de quién tener miedo”, aseguró Magyar a la prensa después de votar.
"El Estado mafioso ya no tiene poder sobre ningún ciudadano húngaro", aseguró el líder opositor en clara alusión a Orbán, que gobierna el país centroeuropeo desde 2010 con amplias mayorías absolutas que le permitieron enmendar a su gusto la Constitución y la ley electoral, entre otras muchas medidas.
Hungría tiene un crecimiento anémico desde 2022, así como una inflación muy elevada, a lo que se suma la congelación de miles de millones de euros en fondos europeos por parte de Bruselas debido a preocupaciones sobre el Estado de derecho.
Ante ese malestar, el discurso de Magyar centrado en “limpiar” las instituciones, recuperar los fondos europeos y reactivar la economía ha impregnado especialmente entre los jóvenes y las clases medias urbanas. Su promesa estrella de una ofensiva anticorrupción incluiría también la entrada inmediata de Hungría en la Fiscalía Europea, con el objetivo de investigar el uso de fondos públicos por parte del Gobierno de Orbán y recuperar recursos desviados.
También se ha comprometido a desbloquear las ayudas europeas y a restablecer la confianza con las instituciones comunitarias, lo que supondría un giro respecto a la política de confrontación mantenida por Orbán.
“Nuestra patria forma parte de la comunidad europea, la OTAN y de Occidente”, dijo Magyar en su último gran mitin de campaña. Frente a la cercanía de Orbán con Moscú, ha prometido una victoria que se verá también en el Kremlin, en alusión a los vínculos del actual gobierno con Rusia.
El preludio
Las encuestas de intención de voto daban una clara ventaja a Magyar, si bien las particularidades del sistema electoral húngaro, reformado varias veces desde 2011 en beneficio del Fidesz, no excluían la posibilidad de una mayoría en escaños para Orbán aunque tenga menos voto popular.
Sin embargo, el propio primer ministro, de 62 años de edad, había reconocido tras depositar su voto que, en caso de una “enorme victoria” de Magyar, abandonará la presidencia del Fidesz, el partido que él mismo cofundó en 1988 y que domina desde hace décadas.
Preguntado por la prensa si estas serían sus últimas elecciones en caso de una derrota clara, Orbán respondió: “De ninguna manera, soy un hombre joven, estas no serán mis últimas elecciones”.
Un grupo de activistas del movimiento cívico AHang (La Voz) esperaban a Orbán delante de la escuela donde votó con un gran cartel en forma de tarjeta de embarque para un vuelo Budapest-Moscú, con salida para esta noche, en alusión a las estrechas relaciones del primer ministro con Rusia.