En la jornada de ayer, en la Cámara Penal Nº 1, se desarrolló el segundo día de debate en el marco del juicio que tiene como imputados a los primos Córdoba, Lucas Isaías, de 25 años, y Mario Alberto, de 33 años. Ambos están acusados de ser autores del asesinato de Ángel Chámez e Hilaria Vallejos, dos ancianos oriundos de Icaño que fueron brutalmente ultimados el 10 de diciembre de 2010.
En la sala los imputados se negaron a declarar, aunque se dio lectura a las declaraciones que ya habían efectuado. En los relatos cada uno culpa al otro, pero ninguno niega haber estado en la escena del crimen.
Por ejemplo, Lucas relató que su primo (Mario Alberto) le pidió la escopeta para “hacer unos tiros y ver si robaban a esos viejos c... del otro lado de la ruta”, a lo que posteriormente siguió la visita a la casa de los ancianos, pero él se quedó afuera, desde donde escuchó un disparo.
Según consta en la declaración, cuando entró al inmueble, dijo haber visto a su primo sujetando a la anciana del pelo y presionando en su cuello un arma blanca, con la que segundos después la degolló.
Lucas declaró que su primo manifestó deseos de matar también al joven no vidente que había encerrado en una habitación, diciendo “hay que matar al chico, nadie puede quedar vivo”.
De acuerdo a su testimonio, Mario mostró sus intenciones de prender fuego a la casa, de lo que lo hizo desistir, ya que posteriormente ambos se retiraron del lugar.
Por su parte, Mario Córdoba, alias “Kempes”, culpó a Lucas de haber liderado los movimientos que se desarrollaron en la casa el día de las muertes, pero reconociendo la autoría de uno de los asesinatos.
Según declaró, todo fue una idea de “Luquitas”, quien asestó violentamente una puñalada en la garganta al anciano cuando éste no le entregó el dinero que le pedía, y que posteriormente fue su primo quien golpeó con la culata del arma que poseían a la mujer, dejándola en el piso.
Apuntó además que a pesar de los ruegos de la anciana que pedía por favor que no la maten, su primo siguió profiriendo amenazas y luego le realizó un corte en el cuello, lo que él también hizo después, en el mismo lugar que había efectuado la herida su primo.
Ambas declaraciones coinciden en que ambos se encontraban en la escena del crimen y que luego de cometer el hecho de sangre y el robo, se retiraron del lugar con rumbos distintos. Más tarde se encontraron en el domicilio de Lucas, donde dialogaron sobre lo sucedido.