Ordalía delictiva en Andalgalá

Andalgalá © La comunidad en su conjunto no termina de explicarse qué es lo que le pasa a sociedad andalgalense, ya que en los últimos años parece haber recrudecido la ola delictiva perpetrada por marginales, en su mayoría, menores de edad que relativamente están protegidos por la legislación vigente en esa materia.
martes, 29 de abril de 2014 09:03
martes, 29 de abril de 2014 09:03

Lo cierto es que casi todos los días se nos reporta a los medios de comunicación, la concreción de delitos en contra de la propiedad, robos, hurtos, violaciones, violencia en todas sus formas y enormes índices de consumo de estupefacientes, que sería la motivación de la ordalía.

Tal situación ha generado que los inocentes y honestos habitantes de esta ciudad decidieran enrejar sus viviendas para evitar la entrada de los malvivientes, aunque tal actitud no es obstáculo para que éstos logren sus objetivos de rapiña y daño.

De hecho, la gente ya está resignada a vivir literalmente enjaulada, antes de padecer la irrupción de estas nuevas generaciones de la cibernética y la postmodernidad que hicieron de la violencia y el delito, un verdadero estilo de vida.

Hace algunos días, indignó toda la gente, el violento asalto con intento de homicidio una indefensa anciana octogenaria en el barrio Huachaschi, hecho que repercutió enormemente por la alevosía y la crueldad con que fuera perpetrado, según del relato de la propia damnificada que considera que se salvó por milagro ya que los sujetos estaban sacados por alcohol u otras sustancias.

En las últimas horas se reportaron atentados en contra de distintas escuelas a las que los cacos ingresaron con mentalidad predadora y vandálica, no así en el despacho fabril de un empresario local en donde hicieron un boquete en el muro para ingresar y robarse una PC.

A todo esto, la gente sigue sin entender cómo, esta ciudad antiguamente tranquila, armónica y amigable se contagió de la "tecnología” del delito que se practica en las grades urbes en donde

la marginalidad llega a niveles alarmantes.

A todo esto, las fuerzas del orden están supeditadas los mandatos de la justicia, cuyos funcionarios aseguran –y así debe ser…- que ellos actúan de acuerdo a los mandatos del código de procedimientos y de la legislación vigente en materia penal.

La población en general considera, porque así nos lo manifestaron, que ya es hora de actualizar las leyes, sobre todo lo que tiene que ver con la minoridad, porque las que están en vigencia, son absolutamente anacrónicas y alejadas de la nueva realidad de ésta y de muchas ciudades del país.

Eso es trabajo para los legisladores, que ya es mucho pedir.

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