Lo cierto es que casi todos los días se nos reporta a los
medios de comunicación, la concreción de delitos en contra de la propiedad, robos,
hurtos, violaciones, violencia en todas sus formas y enormes índices de consumo
de estupefacientes, que sería la motivación de la ordalía.
Tal situación ha generado que los inocentes y honestos habitantes
de esta ciudad decidieran enrejar sus viviendas para evitar la entrada de los
malvivientes, aunque tal actitud no es obstáculo para que éstos logren sus
objetivos de rapiña y daño.
De hecho, la gente ya está resignada a vivir literalmente
enjaulada, antes de padecer la irrupción de estas nuevas generaciones de la
cibernética y la postmodernidad que hicieron de la violencia y el delito, un
verdadero estilo de vida.
Hace algunos días, indignó toda la gente, el violento asalto
con intento de homicidio una indefensa anciana octogenaria en el barrio Huachaschi,
hecho que repercutió enormemente por la alevosía y la crueldad con que fuera
perpetrado, según del relato de la propia damnificada que considera que se
salvó por milagro ya que los sujetos estaban sacados por alcohol u otras
sustancias.
En las últimas horas se reportaron atentados en contra de
distintas escuelas a las que los cacos ingresaron con mentalidad predadora y vandálica,
no así en el despacho fabril de un empresario local en donde hicieron un
boquete en el muro para ingresar y robarse una PC.
A todo esto, la gente sigue sin entender cómo, esta ciudad antiguamente
tranquila, armónica y amigable se contagió de la "tecnología” del delito que se
practica en las grades urbes en donde
la marginalidad llega a niveles alarmantes.
A todo esto, las fuerzas del orden están supeditadas los
mandatos de la justicia, cuyos funcionarios aseguran –y así debe ser…- que ellos
actúan de acuerdo a los mandatos del código de procedimientos y de la
legislación vigente en materia penal.
La población en general considera, porque así nos lo
manifestaron, que ya es hora de actualizar las leyes, sobre todo lo que tiene
que ver con la minoridad, porque las que están en vigencia, son absolutamente anacrónicas
y alejadas de la nueva realidad de ésta y de muchas ciudades del país.
Eso es trabajo para los legisladores, que ya es mucho pedir.