San José ¿Los primeros síntomas de un proceso de descomposición institucional?

Primero fue Andalgalá en el mes de febrero. La controversia entre ambientalistas y mineros generó violencia. Una violencia que persiste como una suerte de “fondo residual”. Demostró -de paso-, que el gobierno carece de “cintura política”. “Es como un elefante torpe en un bazar”, sostiene el chusco.
lunes, 11 de octubre de 2010 00:00
lunes, 11 de octubre de 2010 00:00

Luego el conflicto con la intendente Mónica Hernández, en la localidad de San José, nos convirtió en “noticia” en diversos ámbitos. Para saber lo que es sentir “vergüenza ajena” y aires de papelón inconcebible.

Con más violencia ejercida por gente que no midió las consecuencias e incurrió en actos de autodestrucción. Porque romper cosas de la municipalidad o vehículos oficiales es atentar –sin darnos cuenta-, contra nuestros bienes.

Desde cierto ángulo desapasionado y neutralmente ubicados, estos episodios podrían formar parte de un sainete criollo como los que Vaccarezza exhibía en los años ’30. Patéticamente ridículos. Para la carcajada convulsa e imparable.

Pero lo nuestro es muy distinto. No es para la risa. Se puede suponer –sin ánimo de cargar las tintas-, que se está en presencia del inicio  de un proceso de descomposición institucional singularmente grave.

Con sectores antagónicamente instalados no dispuestos a aflojar, ni  a ceder posiciones en busca de “calmar las aguas” o -lo que sería ideal -pacíficas y definitivas soluciones.

En el mundo existen antiquísimos conflictos en los cuales los antagonistas se masacran prolija, estúpida y sostenidamente a lo largo de décadas o siglos. Se trata de cuestiones étnicas o religiosas no del todo entendibles para nosotros los occidentales. Lo único  que se destaca en estos asuntos es la cantidad de muertos, refugiados y mutilados que arrojan como triste saldo con un elevado número de chicos huérfanos que a veces son repartidos entre personas de otros países. Duro es señalarlo pero son operativos solidarios que hacen acordar a una repartija de cachorros abandonados por que la perra murió atropellada por un auto.

En San José al igual que en Andalgalá no hay problemas étnicos o religiosos. Tal vez los verdaderos motivos sean cuestiones políticas de un determinado sector que se disimulan –ocasionalmente-, bajo un manto de ambientalismo, malversaciones de fondos manejados discrecionalmente y de última, carencia de aptitudes para ejercer ciertos cargos, o al decir de nuestro infaltable chusco: “Son muchos chicos para jugar con un solo trompo”. Huelga mencionar la espectacular proliferación de chismes baratos que se dan en estos episodios, propios de “pueblo chico infierno grande”.

Lo grave de todo esto es que lo que hoy es un forúnculo que se puede eliminar con un pequeño acto quirúrgico no es debidamente atendido y puede convertirse en una septicemia imparable.

¿Quién empuñará el bisturí –pero con mano firme-, para hacer el corte necesario que impida el agravamiento del cuadro actual?

Supuestamente, es en la Constitución Provincial donde se hallan las instrucciones pertinentes. ¡A leer detenidamente se dijo y actuar en consecuencia ¡Lo exige un régimen democrático donde se respeten las leyes. Lo otro es anarquía pura.

 

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