"Sería muy feliz si cada uno que faltó a la sesión explicara por qué lo hizo. Nosotros nos vamos a ocupar de investigar por qué no estaban sentados los legisladores radicales que faltaron. Los otros partidos tendrían que hacer lo mismo", argumentó Sanz.
La frase pareció pensada más para la opinión pública que para el partido, en el que reconocen que en los momentos clave casi nunca cuentan con los diputados de provincias gobernadas por la UCR, permeables a las presiones del Poder Ejecutivo sobre sus gobernadores.
El radicalismo interpretó así las ausencias de los diputados Pedro Molas y Mariana Veaute (Catamarca), Hugo Castañón (Río Negro) y Agustín Portela (Corrientes), aunque algunos de ellos ayer adujeron problemas familiares y de salud.
El tema inquietaba al partido cuando existía el radicalismo K, pero ahora que todos volvieron a la UCR nadie tomará represalias contra ellos. "En otro momento hubieran votado con el Gobierno; ahora, por lo menos, se fueron", argumentaban incluso en el comité nacional.
Tampoco hay reproches contra el pampeano Eduardo Kenny y el bonaerense Daniel Katz, que hace mucho habían avisado de su ausencia, el primero por una licencia médica y el segundo, por un viaje a Canadá.
La situación de los cordobeses Silvia Storni y Héctor del Campillo es peculiar. Debían desempatar la interna entre alfonsinistas y cobistas por la conducción del bloque y se fueron cuando todos los buscaban para eso. "Storni tuvo un problema de salud y pusimos un auto para que volviera a Córdoba", la defendió ayer su comprovinciano Oscar Aguad.