Pobre, el ministro amigo de Eduardo Brizuela del Moral, Juan Acuña sufrió en carne propia el cansancio de la gente que esperaba el espectáculo anunciado como postre de la inauguración del estadio construido al frente del predio ferial.
La silbatina puede haber sido la manifestación del cansancio lógico del público de esperar sentado la llegado del primer mandatario para que todo comenzara o tal vez la expresión de esas sospechas que pesan sobre el área que conduce Acuña (recordemos que con un humor ácido, al amigo del primer mandatario la calle lo bautizó como el “De Vido” catamarqueño).
Lo que sea, Acuña sufrió la silbatina, al igual que otros de los que hicieron uso de la palabra, de un público harto de la espera y más harto de funcionarios que se sabe aman las obras no solo por cortar cintas o ver sus nombres figurar en las plazas de la entrada. Eso está claro.