Más allá de lo que se suponga por los 20 años consecutivos al frente del gobierno provincial, lo cierto es que el Frente Cívico que comanda Eduardo Brizuela del Moral tiene destino de sepultura y los que todavía lo siguen se aferran a certezas que no son tales, porque sus líderes definitivamente arriaron las banderas de los ’90.
Al reconocimiento a cara descubierta de los propios militantes radicales como lo hicieron, de que se aprovecharon de la muerte de una joven para llegar al poder, a la corrupción galopante y al nepotismo flagrante lo único que faltaba era la clausura definitiva de la democracia interna dentro del mismo partido de gobierno, la UCR.
Fue lo resuelto en la reunión del viernes último de la mesa ejecutiva del Comité Provincia, que preside su mayordomo político, Marta Grimaux de Blanco, donde se resolvió rechazar la convocatoria a internas para cargos electivos que lanzó el comité departamental de Andalgalá.
La medida de supresión de la democracia interna apunta a posibilitar que los candidatos departamentales surjan de una mesa de consenso donde obviamente no participan los afiliados y donde los elegidos responden a los intereses de los poderosos que los eligen, no a los de la población. Lamentable.