Es natural y lógico que las fuerzas minoritarias en una fuerza democrática soliciten elecciones internas para seleccionar candidatos. Pasó antes, y pasará siempre. Lo que seguramente no será muy común serán las contradicciones ridículas del titular del Ateneo del Parque, el diputado Renato Gigantino.
Hace unas semanas, sorpresivamente el hombre le restó apoyo al radicalismo andalgalense que se decidió a realizarse sus propias elecciones internas para elegir candidatos para el año 2011; más aún, desautorizó a militantes de su propio sector que se disponían a participar de la contienda.
Ni Gigantino, ni el Comité Provincia de la UCR explicaron nunca semejante bochorno democrático; solo les faltó decir “las urnas están bien guardadas”, parafraseando a aquel olvidable general procesista.
Pero aún antidemocrática, la Grimaux pasó el sofocón y no habló más del tema. Pero Gigantino no. En un plenario del Ateneo del Parque se concluyó con una declaración en la que se exhorta a la conducción del radicalismo a convocar a internas en toda la Provincia. O sea, la misma posibilidad que antes había negado a otros radicales.