Es común en el “fantástico mundo de la política”, como decía el ex presidente Carlos Menem; que cuando conviene, se recurre a cualquier artificio para lograr un objetivo. El fin justifica los medios. Pero cuando no nos conviene, y es el sector opositor el que recurre a ese mismo artificio, de inmediato surgen los planteos moralistas, hipócritas.
Pasa otra vez desde ayer tarde en Catamarca. Toda la fuerza comunicativa del oficialismo está al servicio de la protesta radical porque el interbloque de justicialistas y los radicales del MIRA justificó la interpelación al ministro Javier Silva, recurriendo al ardid de una exposición en el recinto del abogado radical José Alberto Furque, uno de los involucrados en uno de los casos resonantes en los cuales está en cuestión la actuación de efectivos policiales.
Pero la queja, verdaderamente no tiene sentido. En esta misma legislatura, reunidos sus integrantes en sesión, varias veces se permitió el uso de la palabra a personas que no la integran. Los casos mas recordados deben ser las últimas veces en que se declararon personalidades ilustres a José Horacio Monayar y a Armando Raúl Bazán, en julio pasado.
Reunidos en sesión, también invitados como Monayar y Bazán, se refirieron a ellos la ex diputada Teresa Chacur de Saavedra, quien escribió un libro dedicado al licenciado Bazán, y la licenciada María Rosa Calás de Clark tuvo palabras muy emotivas sobre el profesor Monayar.
Claro, en esa sesión no sucedió nada que al oficialismo radical le incomode, de modo que no hubo protesta política alguna. Pero si ese ejemplo no alcanzara para desvirtuar la protesta radical, la historia registra otro caso de una sesión en la legislatura catamarqueña en la que se invitó a hacer uso de la palabra, se le permitió mocionar incluso y hasta votar esa moción.
Fue en el año 1991. El Frente Cívico no lograba reunir el quórum necesario para la asamblea en la que debía prestar juramento el electo gobernador Arnoldo Castillo, porque el mismo FCS había impugnado a alguno de los senadores justicialistas que ganaron en sus departamentos y también faltaban otros que, en adhesión a los impugnados, se negaban a asumir en sus bancas.
Reunidos en lo que luego se transformó en una sesión, el presidente del Senado, Simon Hernández padre, invitó a hacer uso de la palabra a Adolfo Giordani, que aunque había sido suplente del senador electo por Andalgalá, hasta ese momento no era mas que un simple ciudadano.
Giordani se propuso para asumir, Hernández permitió la moción, la votó, como todos los senadores del oficialismo. Giordani asumió y políticamente destrabo en parte el intríngulis, no del todo porque a pesar de ese juramento Castillo juró ante una asamblea sin quórum legal. Por esa rareza, que un ciudadano común mocione y vote en una legislatura, el FCS premio a Giordani convirtiéndolo en la tercera autoridad de la provincia. Hoy, 19 años después se queja porque un ciudadano, Furque hace uso de la palabra para defenderse.