Néstor Rosales lleva años en la función publica, lamentablemente se convendrá; ha sobrevivido allí no por su gestión, obvio, sino porque sus usos, costumbres y logros se han plegado todo ese tiempo a los ritmos y las exigencias del ideario brizuelista, ese que reza “no preocuparse mas que por lo que publican algunos medios”, para que las líneas paralelas que sostienen la imagen publica del primer mandatario no cedan.
Desde su cargo de Administrador de Vialidad Provincial, Néstor Rosales, cuyo nombre sonó como un posible sucesor de Juan Acuña, que se jubila, ha cosechado más rechazos que dos de las peores funcionarias de Eduardo Brizuela del Moral: Catalina Krapp y Nora Martínez. Felicitaciones.
La propuesta surgió desde hace un par de semanas en Catamarcactual, en el que proponemos a nuestros lectores que voten la gestión de nuestros funcionarios públicos (va…de Eduardo Brizuela del Moral, nosotros solo los sufrimos).
Hasta ayer domingo, el Administrador de Vialidad cosechaba el rechazo de más del 90 por ciento de los votantes; pero no solo eso, sino que el numero participantes voluntarios llegaba casi 300 personas. A la consulta por su gestión la respuesta era: pésima 91% (258); regular 3% (12); buena 2% (8); muy buena 2% (8). Esa convocatoria no la logró ni siquiera la cuestionada rama femenina brizuelista.
Tantos rechazos tienen que ver no solo con aquel soberbio papelón de la avenida Presidente Castillo, una obra que se presentaba pomposamente, casi como propia de un bicentenario, pero que tras varias suspensiones nunca se inauguró, sino que son los resultados concretos de las malas obras que sufren los catamarqueños a lo largo y a lo ancho de la provincia; obras muy demoradas, concretadas con una pésima calidad, donde el cotillón del acto de inauguración generalmente vale mas que el material usado.
Rosales y quien lo sostiene en el puesto (EBM) lo saben, y lo disimulan perfectamente. Por eso es muy probable que finalmente obtenga el ascenso hasta convertirse en ministro. Meritos tiene. ¿O no?