Juan Bautista Alberdi consideraba acertadamente que detrás de todo intento reeleccionista en un cargo público ejecutivo se oculta la voluntad del gobernante de perpetuarse en el poder. Si bien se trata de un rasgo más característico de la tradición monárquica que de la concepción republicana, ha prendido con cada vez más fuerza en la política argentina. Fue así como la posibilidad de reelección presidencial fue incorporada a la Constitución Nacional en 1994 y el reeleccionismo de los mandatarios provinciales fue admitido, en algunos casos sin limitaciones, en la mayoría de los distritos.
No sorprende, por cierto, que 13 gobernadores provinciales, de diferentes signos partidarios, hayan anunciado o sugerido ya que buscarán ser reelegidos este año, cuando se celebren los comicios en sus distritos. Son ellos Eduardo Brizuela del Moral (UCR-Catamarca), Luis Beder Herrera (PJ-La Rioja), Jorge Sapag (MPN-Neuquén), Daniel Peralta (PJ-Santa Cruz), Fabiana Ríos (ARI-Tierra del Fuego), Sergio Uribarri (PJ-Entre Ríos), Maurice Closs (PJ-Misiones), Jorge Capitanich (PJ-Chaco), Gildo Insfrán (PJ-Formosa), Juan Manuel Urtubey (PJ-Salta), José Alperovich (PJ-Tucumán), Alberto Rodríguez Saá (PJ-San Luis) y Daniel Scioli (PJ-Buenos Aires). A ellos podrían sumarse eventualmente el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri (Pro), y el gobernador de San Juan, José Luis Gioja, si logra la aprobación de una enmienda constitucional, con lo cual el número de mandatarios que intentarían ser reelegidos llegaría a 15.
Por si esto fuera poco, hay datos que también dan cuenta de la perpetuación de dirigentes en cargos públicos, aun cuando no se trata de reelecciones inmediatas. Por ejemplo, tanto el ex gobernador pampeano Carlos Verna como el ex mandatario jujeño Eduardo Fellner volverían a postularse al máximo puesto ejecutivo en sus provincias.
Del mismo modo, podríamos citar algunos datos de color que dan cuenta de una patología reeleccionista. Es el caso de Formosa, donde el gobernador Insfrán buscará este año su quinto mandato consecutivo. Superaría, de ganar las elecciones y llegar hasta el final de su hipotético nuevo período, el récord de Adolfo Rodríguez Saá, quien gobernó San Luis desde 1983 hasta fines de 2001, cuando asumió por muy pocos días la presidencia de la Nación, en medio de la recordada crisis institucional.
Otro dato patológico, citado recientemente en esta columna editorial, es el del gobernador tucumano Alperovich, quien, merced a una cláusula transitoria añadida a la Constitución, logró que su segundo mandato al frente del Ejecutivo provincial fuese considerado como el primero y así poder aspirar a ser elegido para un tercer período consecutivo.
La obsesión reeleccionista no se agota en los gobernadores provinciales. Basta con analizar el elenco de intendentes del Gran Buenos Aires para advertir la cantidad de años que algunos de ellos llevan en el poder. Empezando por el de Vicente López, Enrique García, que está al frente de la comuna desde 1987, hasta los peronistas Julio Pereyra (Florencio Varela), Hugo Curto (Tres de Febrero) o Raúl Othacehé (Merlo), quienes gobiernan desde 1991 en forma ininterrumpida.
El impedimento de la reelección inmediata, que sólo conservan unas pocas provincias como Mendoza, Santa Fe y Río Negro, morigera para muchos especialistas la tendencia al personalismo y al caudillismo, probablemente nacida en nuestro país con la experiencia rosista, sustentada en el otorgamiento de la suma del poder público a un hombre que podía eternizarse en un cargo.
Lamentablemente, la cultura reeleccionista emparentada con la vieja tradición caudillista no ha cedido y sus resultados en términos de bajísima calidad institucional están a la vista en no pocas provincias y municipios del país.