A los dirigentes del oficialismo, que les gusta diferenciarse de la oposición, no les gustará la propuesta. Pero deben admitir que no son tantas las diferencias con la dirigencia opositora. Tan es así que en marzo próximo, ambos frentes pueden sufrir que dirigentes que a prima facie se consideran como propios jugarán políticamente en función de sus propios intereses, más que en función de los intereses partidarios o ideológicos.
Para las elecciones del 13 de marzo, todavía es posible que dirigentes peronistas y kirchneristas, principales agrupamientos opositores al gobierno provincial, no compartan una misma boleta electoral. Pero lo mismo le puede pasar al FCS, que dirigentes propios, radicales y no radicales, pueden abandonar su apoyo histórico al sector y enrolarse en el frente kirchnerista/peronista, o jugar solos, que a los efectos es lo mismo.
Puede ocurrir que dirigentes que ganaron la interna del PJ no quieran sumarse al acuerdo del que tanto se habla con el Frente para la Victoria. Puede ocurrir también que los radicalismos de Valle Viejo, el de Andalgalá se animan a dar el mal paso, ambos con influencia en varios departamentos de la provincia, no aporten sus votos a los candidatos que surjan del consenso entre brizuelistas y castillistas. También se restarian los votos de radicales de Capayán donde Ernesto Alvarez Morales encabeza un frente radical antibrizuelista.
Mal que les pese, a los popes del oficialismo y de la oposición, puede que el 13 de marzo sufran el viejo concepto de la traición. Pasa en espacios que comprenden muchas ideologías simultáneamente, como son el FCS, el FPV y hasta el mismo peronismo, que se sabe hay de izquierda, de centro y de derecha.
Traicionar significa quebrar la lealtad, invertir el orden de legitimidad del que se parte; pero en marzo, quienes la sufran, no podrán apelar a esta definición tan extendida. Es que quienes emigren políticamente en marzo, curiosamente podrán argumentar que sus conductas se debieron justamente a que ellos fueron victimas de ese quebranto.
Los peronistas que no se sumen a la boleta que encabezará Lucia Corpacci tienen el mejor aval político que pueda existir, la legitimidad de las urnas. Los radicales que se nieguen a apoyar la re-re de Eduardo Brizuela del Moral podrán alegar que, a lo Reynaldo Bignone, la UCR tiene bien guardadas la urnas, lo que no permite candidaturas democráticas.
Si debe quedar claro que el que se juega solo, apartándose de la mayoría, nunca es alguien menor en política, donde hasta el pelo más fino hace sombra. Ellos, los interesados en la cuestión, lo saben. Siempre es alguien capaz de tomar decisiones esenciales.
Puede que las conductas odiosas de dirigentes peronistas y radicales en marzo próximo deriven finalmente en fracasos electorales de oficialismo y oposición, lo que justificará el mote de traidores. Pero los juicios morales no son los mejores para interferir en las decisiones y las practicas políticas, porque muchas veces el mote sirve para ocultar graves defectos propios. Hasta el 11 de febrero, la traición puede conjurarse. En el oficialismo y en la oposición lo saben, por eso se trabaja en los porqué.