Le paso recientemente al mismísimo Fray Mamerto Esquiu, que no fue recordado porque entre sus enseñanzas está esa de “señores, obedeced la ley”, justo lo que muchos políticos no parecen dispuestos a hacer. Hipócritamente debe aceptarse, el único que se animó a recordarlo a Esquiú fue el intendente Humberto Valdez, que aspira a un tercer mandato, algo expresamente prohibido en la Carta Organica Municipal de la intendencia que lleva el nombre del ilustre franciscano.
Hoy puede pasar lo mismo con Arturo Illia, que muchos dirigentes prefieran no recordarlo, o los mas audaces, cara de piedra podría decirse, lo recuerden con palabras altisonantes justo a uno de los próceres del radicalismo nacional.
Don Arturo Humberto Illia dejó un legado de un político austero y honrado luego de haber gobernado el país. Eso, no muchos, casi ninguno en realidad, de los que hoy hablen en la Convención pueden decirse imitadores.
Lo tragicómico sería, por ejemplo, que Luis Fadel, el concejal propuesto por el castillismo para intendencia de la Capital, recuerde a Illia porque anuló por ley los gastos reservados mientras fue presidente; o que Oscar Castillo, o cualquiera, rizuela del Moral mismo, lo recuerde por la férrea defensa que ejerció de la soberanía nacional, del suelo Argentino, o porque garantizó la plena vigencia de los derechos civiles y las libertades Públicas.