Bajo el eufemismo del consenso, en el radicalismo catamarqueño directamente se eliminó la democracia como método de selección de candidatos, que a la postre terminaran gobernando a todos los ciudadanos. La potestad para elegir esas personas está reservada a los golpes de mayoría en la Convención Radical o en su defecto, a un grupo de dirigentes que integran una mesa chica que también es elegida por la mayoría del Convención.
La principal prensa catamarqueña, ciertamente avergüenza a todos; como esconde la responsabilidad política de los males de Catamarca, también esconde lo que pasa dentro de la UCR, que no es otra cosa que una horrible proscripción de las voces dispuestas a participar activamente del debate político, sean quienes sean, el MIRA, la CPR, el Ateneo del Parque o cualquiera que reclame democracia. Esos grupos reclaman legítimamente una batalla de ideas y en torno a un modelo de provincia.
En su angurria por la pauta, los multimedios se olvidan que la política debería ser el espacio donde todos los afiliados radicales participen; pero no, guardándose las criticas precisas estos altavoces oficialistas nos perjudican a todos los catamarqueños, radicales y no radicales, porque avalan que la política siga siendo un espacio de disputas palaciegas o su coartada de falsos e impúdicos lenguajes.
A fuerza de ser sinceros, considerando el escenario político en nuestra provincia, que marcha derecho a un peligroso unicato, no conviene ilusionarse con que se vayan abriendo las posibilidades de una cierta recuperación del debate de ideas; lo que es ciertamente grave, porque si la política ha fracasado, se vuelve indispensable que en otros ámbitos se piense todo de nuevo, buscando caminos alternativos a prácticas que nos han llevado a este camino sin salida en el que nos encontramos los catamarqueños.