A menudo se confunde la ambición medida que usualmente es lo que impulsa al ser humano para actuar legítimamente con la codicia, como sinónimo de ambición desmedida.
Es bueno y hasta inevitable que los políticos como personas evolucionen. Pero a veces el cambio puede ser una involución, así podemos ver a un político sensible desde el punto de vista humano o social, que de pronto pasa a ser un interesado materialista, un idealista que se convierte de pronto en un frío calculador, arribista e interesado, que admite argumentos a favor o en contra en esas metamorfosis que salta a la vista, inocultables y claramente de sesgo negativo por responder a motivaciones nada santas.
Es curioso que teniendo los seres humanos tan gran resistencia al cambio, algunos políticos posean una tendencia mayúscula a cambiar cuando esta actitud les favorece materialmente.
Y así observamos como en los periodos electorales la palabra más común es “deslealtad”, deslealtad por estar identificado con una alineación política y pasarse a otra, deslealtad por asumir posturas contrarias a los postulados compartidos con los integrantes de su propio partido, deslealtad por no fijar de manera concreta y segura, un criterio frente al accionar político de su entorno.
La deslealtad viene desde los inicios de la existencia humana, es parte integral de la conducta humana. La deslealtad que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener, es un asunto de cumplir con un compromiso adquirido, la tendencia de algunos miembros del mundo de la política en este tiempo moderno, es a romper con facilidad la palabra empeñada.
La lealtad partidaria que debe ser el epicentro de las relaciones políticas-humanas, desgraciadamente ante la reproducción de la mezquindad es vista por ciertos personajes políticos como debilidad. Un militante leal, es valorado como un político no astuto, con falta de olfato para percibir la temperatura de las relaciones de poder, así son catalogados por aquellos politiqueros que sufren de avaricia insaciable electoralistas, es un proceder particularísimo que muchos lo practican desde su cuna.
La deslealtad ha sido durante los últimos tiempos una descalificable práctica perversa de algunos pusilánime del ambiente político, pero cuando esa traición se hace a la conducción partidaria puertas adentro, es decir, en el seno del partido que respalda al mal llamado político, se convierte en la peor carta de presentación para él, puedes traicionar a sus electores, a sus principios, todo en aras de alcanzar su demanda de beneficio personal sin medir consecuencias.
La deslealtad nos demuestra en su cruda realidad la idea de faltar a la confianza depositada, es un acto de violación de la fidelidad que necesariamente se debe tener hacia la identidad política, es un delito que se comete contra la institución partidaria que lo contiene.
El tema de la deslealtad es muy significativo en estos tiempos, tanto así como lo fue en el pasado, los hombres del universo político minan la historia de acciones que buscan siempre justificar con sus obtusos procederes desleales.
En ese universo de los desleales hay unos que lucen más que otros, pero los que siempre serán los más destacadísimo miserables son aquellos que en el seno de un sector interno o partido político, traicionan a sus más cercanos, exhibiéndose como verdaderas escorias de la política, que con notable facilidad desparraman a diestra y siniestra sus besos de judas.-
Luis Edgardo Quiroga
D.N.I. 6.086.752
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