Es cierto, está mal que quienes ostentan cargos públicos se aprovechen de los múltiples privilegios que disponen para hacer política; criticar esos excesos son saludables y acertados, pero cuando los hace cualquiera, los enemigos y los amigos políticos.
Horacio Pernasetti sostuvo recientemente que, “si bien nadie le puede prohibir a la Presidenta de la Nación, Cristina Fernández, que haga política y apoye a quién quiera, lo importante es que no use la investidura para favorecer determinadas posiciones en perjuicio de los intereses generales de la provincia”.
Las declaraciones del Auditor se inscriben en el marco de la campaña es cierto, pero también en las apariciones poco felices que está teniendo las ultimas semanas. Por ejemplo, mientras un día se aparecía criticando la posibilidad de re-reelecciones establecidas en la Constitución Provincial, al otro aparecía apoyando la nominación de Eduardo Brizuela del Moral.
En estas ultimas declaraciones de Pernasetti aparece preocupado por lo que pueda hacer Cristina Kirchner aprovechándose de la investidura que ostenta, peor esa legitima inquietud se despinta cuando omite incluir en el lote de sospechosos de atentar contra las investiduras a Eduardo Brizuela del Moral.
Pernasetti tal vez no lo sepa, en definitiva Brizuela del Moral no fue nunca santo de su devoción, y él mismo hace tiempo que no vive en Catamarca, pero el primer mandatario local bien podría ser el abanderado, o por lo menos escolta, de los políticos que hacen uso y abuso de la investidura que ostentan. Si Pernasetti prueba que la larga lista de hijos, nueras, sobrinos y cuñados del gobernador llegaron a los importantes cargos que ocupan en la administración central, la Legislatura o el Concejo Deliberante, se justificaría su omisión; pero no, lamentablemente no es así.