Cuando en un pueblo pequeño se anuncia la visita del gobernador, se produce una movilización general. Las autoridades comunales, los efectivos policiales, el Jefe de Correo (si hay servicios postales) la comunidad educativa, los clubes deportivos y las habitualmente denominadas “Fuerzas Vivas” participan de una singular movida. Por lo general, una minoría permanece ausente de las actividades entre las que se destaca la formación de “Comisiones Especiales”.
Los que se autoexcluyen son los opositores recalcitrantes que llegan al extremo de perderse el asado bien regado con que culminan estos festejos. Los otros son más inteligentes: anteponen “los altos intereses de la localidad y el espíritu de consenso” por sobre su bandería política. De paso, se gana un caballeresco señalamiento por parte de los infaltables oradores dueños de la fiesta. Esos que “A los postres usaron de la palabra”, según consignan las crónicas.
No es motivo de estas líneas mencionar los empujones, codazos y pisotones que suelen intercambiarse a la hora de conseguir un lugar en el palco oficial lo más cercano posible al “ilustre visitante”. Tampoco diremos de las recomendaciones previas que le hacen al “fotógrafo oficial”, el mismo que se gana la vida fotografiando bautismos, primeras comuniones, casamientos y “fiestas de quince” y quien en realidad es un vecino más que goza de la exclusividad para fotografiar todo lo que el intendente le indique. A veces también loe indican lo que NO DEBE salir en ninguna foto, so pena de perder la exclusividad. Obviamente, es un “oficialista” que hizo méritos en la campaña pegando carteles y repartiendo votos. El día de las elecciones puso su auto a disposición para llevar votantes. Se destacó por el hecho de no percibir ni un centavo en concepto de gastos de combustible. “Se la bancó solo todo el día”, Todo sea por partido.
Muchos vecinos incurren en gastos que, a veces, exceden sus posibilidades económicas. Pero ¿Cómo no estrenar un vestido nuevo para cuando venga el gobernador?. Existe un grupo de mujeres que se caracterizan por su elevado nivel de peligrosidad a la hora de gastar para estar presentables durante una de estas fiestas. El lector ya adivinó quiénes son los maridos.
¿Qué sucede cuando un agente de la policía le entrega al intendente un radiograma cursado por la red policial en el cual le anuncian que “el señor gobernador lamenta no poder asistir a los actos preparados en esa bella localidad por hallarse afectado por un cuadro febril”?
Habían pintado de azul y blanco los cordones de vereda incluyendo los troncos de los árboles. Colgaron pasacalles “¡BIENVENIDO SEÑOR GOBERNADOR!”. El pueblo lucía como nunca antes. El máximo dirigente político había donado la vaquillona que se estaba asando lentamente –como corresponde--, y su aroma ya perfumaba el ambiente.
De entrada, la noticia golpea como un mazazo a los organizadores, con el intendente a la cabeza.
Hay que dar marcha atrás en cuestiones tales como el alquiler de vehículos para la caravana. Una visita oficial que se precie no puede carecer de una bulliciosa caravana. Y que sea lo más larga posible.
Pero poco a poco la gente se va resignando. Sobre todo cuando los organizadores invitan a tomar asiento en las largas mesas y el grupo de señoras que elaboró cientos de empanadas comienzan a repartirlas, aclarando que “están recién sacadas del horno”. La empanada es el preludio del asado con ensalada. La “telonera”.
Con frecuencia la atención de los comensales corre por cuenta de jóvenes militantes de ambos sexos fácilmente identificables, muchas veces, porque tienen una jarra con vino en cada mano (tinto y blanco).
De última, la fiesta tiene lugar pese a la ausencia del mandatario y su comitiva, y si sobra algo de asado se reparte entre los asistentes que, previsores, llevan la bolsa de plástico, esa que entregan en el super.
Con el paso de los días todo vuelve a la normalidad en el pueblo y la frustrada visita del gobernador se convierte en un conjunto de anécdotas. En su mayoría risibles.
Puesto que mal que le pese a los funcionarios, su presencia en los pueblos con frecuencia hace acordar a un paso de sainete.