Aves de pico encorvado y proxenetas del derecho

Son abogados, y muy conocidos, y se aprestan a quedarse con un gran botín a repartir en jugosas tajadas.
viernes, 21 de octubre de 2011 00:00
viernes, 21 de octubre de 2011 00:00

Caminan como cualquier ciudadano, pero no son cualquiera. Se reúnen en lugares céntricos, pero no abordan los temas mundanos como lo hacen los amigos del café. Elucubran maquiavélicas maniobras, pero les falta demasiado para emular al “Príncipe”. Quieren, desde los lobbys políticos y judiciales, ganar dinero, mucho dinero, pero no quieren trabajar como quien tiene pretensiones de progreso. Hacen y deshacen maniobras periodísticas, en base a supuestas amistades o compromisos para el futuro. Lo importante, para ellos, es conseguir uno de esos tesoros inmensos que suele pagar el Estado bobo.

Quizá algunos lectores piensen que nos estamos refiriendo a esos personajes notorios que son los abogados. Si así fue, felicitaciones por la perspicacia. Acertaron absolutamente. Son abogados, y muy conocidos, y se aprestan a quedarse con un gran botín a repartir en poderosas tajadas.

Más difícil les será intuir cuál es y dónde está el botín que pretenden capturar estos corsarios de los tiempos modernos que, como si fuera un pase mágico, han convertido un escándalo de corrupción en una alternativa para hacerse millonarios sin ser los autores, aparentemente, de algún delito.

No demos más vueltas. El tema es EDECAT, en el que está metido de cuerpo entero el poder político y, alrededor de él, danzan en busca de las presas éstos hambrientos cuervos disfrazados de lobbystas.

Una larga historia

No vamos abundar demasiado en la tenebrosa maniobra por la que llegó a Catamarca la empresa EDECAT, aquella panacea que en la década del 90 nos iba a solucionar todos los problemas energéticos.

Fue un escandaloso negociado para favorecer a los amigos del poder central, ese que habita en Buenos Aires. Lo autorizó, a cambio de cobertura política, el gobierno del extinto Arnoldo Castillo, estrecho colaborador de la dictadura más sangrienta del siglo XX. Luego de una década de actuación de la empresa, en el 2003, Brizuela del Moral asumió el gobierno y le tocó recibir ésta brasa ardiente que ya atormentaba al conjunto de los ciudadanos.

El nuevo mandatario, radical como el anterior, tuvo la oportunidad de denunciar lo que recibía. Seguramente por privilegiar las cuestiones partidarias no lo hizo y resolvió, junto a sus más estrechos colaboradores, tapar el escándalo y tratar de enrumbar a la empresa hacia un mayor compromiso con la provincia. Toda una ingenuidad. EDECAT no vino a Catamarca a realizar ni la más mínima inversión a favor de los catamarqueños. Vino a llenarse los bolsillos de dinero, tal como se hizo con otras privatizaciones como el Casino provincial o la terminal de ómnibus.

Peor el remedio que la enfermedad

Brizuela del Moral, un gobernador casi esclavo del marketing, se la bancó cinco años esperando la resurrección de la EDECAT. En ese lustro abundaron los cortes de energía. El suministro de agua potable por el mismo motivo alteraba los nervios. Se construyeron decenas de barrios sin contar con el fluido eléctrico y hasta obras emblemáticas, como el Predio Ferial y el estadio, requirieron de equipos especiales.

Pretender solucionar un error con otro error, en la mayor parte de los casos, suele ser el resultado inevitable de no enfrentar las cosas con realismo. Brizuela del Moral, al asumir, no denunció el negociado que instaló a la tristemente célebre EDECAT en la provincia y, en tiempo de descuento, dispuso la peor de las medidas.

Habiendo causales de sobra para rescindir el contrato firmado con la familia Taselli, hace tres años, firme el decreto de intervención que, en los hechos concretos, significaba tomar por cuenta propia el servicio.

La empresa, luego de chaguar durante largos años a los catamarqueños, de pronto, recibía un regaló complementario. El propio gobierno le concedía argumentos para iniciar un juicio millonario contra el Estado, el cual sigue a marcha firme y ya tiene un fallo en contra de aquel decreto de intervención.

Negocio y verdad

El final de esta historia puede tener consecuencias funestas para la provincia. El negociado de EDECAT, que hicieron posible los gobiernos radicales, lo puede terminar pagando el nuevo gobierno a un precio altísimo.

Suponemos que en algún momento la electa Lucía Corpacci, a poco de andar su gobierno, se referirá al tema para no cometer la omisión que llevó a Brizuela del Moral a cometer un virtual encubrimiento.

Debe saber Lucía, aparte, que hay varios interesados en que la provincia pierda el juicio con EDECAT. A ellos, por sus propios intereses, no les importa un bledo la verdad. Se trata de auténticos proxenetas de una situación que, en tiempos menemistas, crearon otros proxenetas. Por allí andan. Por el centro. Se reúnen y hacen maniobras. Son abogados. Y tienen nombres propios.

Columna editorial \"El Catucho\" del diario digital Catamarcaesnoticia

 

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