Cabe poner de resalto que esta ley determina que el voto es “secreto, universal y obligatorio”, lo que –en cierta medida--, se contrapone con lo que propicia un conocido dirigente que es votar en blanco. Es decir, emitir un voto negativo.
El argumento esgrimido por el sindicalista apunta a una suerte de “voto castigo” a ser aplicado a los futuros legisladores nacionales catamarqueños como sanción por lo que --al parecer-, los antecesores no hicieron por su provincia a lo largo de veinte años.
Lejos de coincidir con semejante propuesta, nos parece que estamos participando –y vaya a modo de ejemplo-, de un concurso de tiro al blanco en el cual cada participante dispondrá de un solo proyectil para obtener el máximo puntaje posible. ¿Qué pensaríamos de un concursante que efectuara su disparo al aire, desperdiciando la única oportunidad de obtener puntos en el imaginario concurso? ¿O de un festival de box durante el cual los asistentes de uno de los púgiles tira la toalla antes de su pupilo suba al cuadrilátero? Son casos muy parecidos a lo que propicia este dirigente.
Parece ignorar que el voto es la única herramienta válida con la que el ciudadano puede introducir cambios en su municipio, su provincia o su Nación y votar en blanco es como efectuar un tiro al aire. Para la Ley Electoral no sirve ni como advertencia. Es un voto perdido. Que eventualmente puede favorecer a un ocasional adversario.
Nos parece que el voto en blanco tuvo justificativo cuando por una tropelía proscribieron un movimiento político y sus seguidores se expresaron a través del voto en blanco. Es algo que ya figura en los anales de la Historia Argentina.
Actualmente no se advierten motivos que justifiquen una medida de esa naturaleza que podría calificarse de injusta puesto que se castiga “a futuro”, “por las dudas”, “por lo que no hicieron los antecesores”. Pero con los supuestos “culpables” no pasa nada.
El dirigente de marras tiene todo el derecho del mundo a expresar sus ideas y formular propuestas más o menos “descolgadas” como votar en blanco. A esta altura de las circunstancias y en cierto modo, roza lo ridículo.
Pensamos que –en una de esas-, sería mejor que esta persona, para castigar a los futuros legisladores, se abstenga de votar. Que viole la ley electoral y se haga cargo de las consecuencias que ello pueda acarrearle. Sería una actitud más viril susceptible de ser destacada por lo insólita.
En lo que se vincula con las elecciones de este domingo, coincidimos plenamente con el convite formulado por la gobernadora electa doctora Lucía Corpacci: “reventar las urnas” al margen de los resultados. En ésta como en cualquier elección, la “gran ganadora” debe ser la Democracia que se alimenta y se sostiene con el voto de los ciudadanos y ciudadanas. Lo demás es lo de menos, como dijo alguien.