Es cierto, Oscar Castillo desempolvó su bicicleta y la usa todos los días; pero para desestresarse, para sacarse la mufa por la derrota catastrófica del domingo, se reunió con amigos el martes a la noche en el bar la Ochava.
Todos lo sabemos, que no se puede pensar con el estómago vacío y la garganta seca; y que quienes se dedican a la política menos pueden practicar lo que los caracteriza, esa disciplina reservada solo a ellos, eso que se conoce como rosca.
Oscar Castillo, líder indiscutido de la próxima oposición, junto a amigos de su sector, Victor Gato Luna, Alejandro Narvaèz, y Tomas Aparicio, se rieron a más no poder hablando de eso que se supone fue una verdadera tragedia electoral para la gran familia radical. Para ellos parece que no tanto o si lo fue, lo disimulan, muy bien.
Se rieron de los candidatos (Jalile, Marcolli), de sus estrategias (pobres, limitadas, infantiles), de algunas ausencias notorias durante la campaña (Brizuela del Moral, el gabinete), y del final de sus ciclos (otra vez, Brizuela del Moral, el gabinete).
La pasaron bomba. Claro, ya liberados de las expectativas electorales, del domingo claro, se ahora dejan ver bares o montados en soberbias bicicletas. Es que les llegó el tiempo de pedalear y mucho.