\"Saltimbanquis\" y \"sectarios\" en los discursos de Cristina y Lucia

Pero cuando en la actualidad se pronuncian esas frases, que para la campaña son buenos caballitos de batalla, porque ciertamente suenan bien, parece esconderse detrás de ellas  cuestiones de fondo sobre las que nadie quiere referirse.
jueves, 27 de octubre de 2011 00:00
jueves, 27 de octubre de 2011 00:00

“Hay que ignorar a los saltimbanquis porque estos personajes no actúan  por la política lo hacen por otros intereses”, lo dijo Cristina Fernández de Kirchner durante los festejos tras el contundente triunfo que obtuvo la presidenta con el 54 por ciento de los votos. Cada ocasión que dispone, Cristina remacha la necesidad de reforzar el trabajo militante e ideológico.

El discurso de Cristina desentraña un claro mensaje de valoración de las conductas políticas y le da un profundo sentido a la pertenencia partidaria. La presidenta entiende que desde las convicciones ideológicas se pudieron lograr las trascendentales acciones de gobierno que llevaron a un modelo de país más equitativo y justo. Néstor, y luego ella, se rodearon de soldados de la causa, soldados que en sus roles de funcionarios ejecutan y ejecutaron políticas de gobierno acordes al discurso ideológico y partidario.

El ejemplo del gobierno nacional es sin dudas el modelo a seguir por el gobierno que encabezará Lucia Corpacci a partir del 10 de diciembre en Catamarca. Pero es preciso observar las diferencias discursivas entre lo que se dice en la nación y lo que pregonan los kirchneristas locales.

Detrás de algunas frases que se escuchan de las nuevas autoridades provinciales parecen esconderse cuestiones de fondo sobre las que nadie quiere referirse, ni siquiera la prensa; nosotros lo hacemos, por que es la responsabilidad de la prensa independiente, intentar decodificar los mensajes del futuro en la realidad agitada que nos toca vivir.

Son frases que ciertamente suenan bien, pero que parecen esconder cuestiones graves; por ejemplo, el ingreso de personajes que se aferran a salvavidas del tipo “hay que ser amplios”, “no sectarios”, personajes que representan prácticas que hace tiempo en Catamarcactual venimos diciendo tienen destino de sepultura, desde cuando las practicaban en el FCS.

Los cambalaches políticos, a mediano plazo, traen consecuencias negativas para quienes los ponen en práctica. Lo sufrió el propio Néstor Kirchner con Julio Cobos y lo padeció recientemente el propio Brizuela del Moral con el diputado Raúl Guzmán. De la experiencia cobista y la crisis del campo, el kirchnerismo logró sobreponerse gracias a la peronizacion del modelo. Néstor asumió como presidente del PJ nacional y desde entonces se construyó un escudo ideológico que frenó la embestida de sectores económicos y mediáticos que atacaron con virulencia cual bestia carroñera ataca a una presa herida. A partir de este hecho, de la peronizacion del modelo kirchnerista, Néstor salio airoso y consolidó el poder que tuvo este domingo una ratificación contundente para Cristina Kirchner.

Nadie quiere que las autoridades provinciales sean sectarias; todos queremos nuestros gobiernos sean amplios, y ciertamente todos lo son. Cuando los Castillo o Brizuela del Moral resolvieron  algo durante sus mandatos, malo o bueno, nos afectó a todos. No fueron sectarios, fuero amplios. Otra cosa, ellos también le abrieron la puerta a “peronistas”, “menemistas”, “kirchneristas”, “socialistas”, “lopezmurfhistas”, “rodriguezsaaistas”, “comunistas”, a todos. Pero gobernaban ellos, lo radicales; y está bien, porque el pueblo los eligió a ellos.

Ahora al radicalismo le toca un rol tan importante como el que tuvieron durante estos 20 años, ahora les toca ser oposición y deben someterse con hidalguía al mandato popular.

Pero cuando en la actualidad se pronuncian esas frases, que para la campaña son buenos caballitos de batalla, porque ciertamente suenan bien, parece esconderse detrás de ellas  cuestiones de fondo sobre las que nadie quiere referirse. Son, parece, así suenan, intentos desesperados por hacerle respiración boca a boca a personajes presuntamente muertos políticamente por su histórica adhesión al FCS, cuyos cadáveres hieden.

No se trata de ser sectarios, se trata de acomodar las cosas en sus respectivos lugares, porque lo contrario seria aniquilar la militancia, los ideales, y se terminaría por prostituir las convicciones. “Premiar a los saltibanquis de la política” como dice Cristina es directamente anular la militancia, es darle un mensaje desalentador a los que mantienen y mantuvieron las banderas peronistas en época adversas, es debilitar la democracia.

La ciudadanía también recibiría un mensaje confuso, pues votó al peronismo, le dio una oportunidad al peronismo, eligió al peronismo, no a radicales que tuvieron 20 años para desarrollar sus ideales.

Sin embargo hay mucha prensa catamarqueña que se deleita con frases del tipo “hay que ser amplios”, “No sectarios”, amplitud y fraternidad que no incluye a mucha dirigencia del peronismo tradicional (y desde ya aclaramos, nadie defiende a Saadi o Barrionuevo); eso si, no queda claro si los multimedios magnifican esas expresiones porque significan su propio salvoconducto o porque sirven para abrirle la puerta a esos personajes y a esas practicas para el tiempo que viene. Tal vez para las dos cosas juntas.

Para hoy en día hacer kirchnerismo en nuestra provincia parece valer todo, desde mantener los mismos slogans de los que se valió el frente cívico, y paralelamente también mantener prejuicios políticos que dividieron profundamente a nuestra sociedad; o ¿qué diferencia hay entre este “asquito” actual hacia la dirigencia peronista, sea del sector que sea, con ese desprecio castillista por esa “perrada”?.

A muchos, entre los que nos incluimos, les asusta algunas expresiones, personajes y prácticas que debieran ser de un tiempo pasado; pero hay nostálgicos que no entienden, no quieren entender, que la provincia como tal solo tiene futuro con todos adentro, también con los “peronistas”, y si alguien no deberían ser tenidos en cuenta son los que ya hicieron mucho daño.

Una provincia con recursos de todo tipo y con la mayoría de su población miserablemente empobrecida, no es una provincia, es una tragedia que nos duele a todos y ese dolor fue el que viabilizó que el próximo 10 de diciembre cambie todo. Y para que la provincia cambie se deben ejecutar acciones respaldadas por una indeclinable convicción ideológica. Ojala las nuevas autoridades provinciales también lo entiendan así.

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