La “información”, sin consignar identidades, fuentes, ni otras precisiones, intenta a todas luces desprestigiar a un conocido nosocomio local, al que escudado en el anonimato de un supuesto “paciente con problemas en los riñones” acusa de haber sido escenario de “un suplicio” (tormento, tortura y martirio en otras acepciones del diccionario de la lengua española).
Y no es que debía ocultarse la información, todo lo contrario; si es que realmente ocurrió ese hecho, El Ancasti debió mencionar al autor de la denuncia, y si hubiera preferido preservar su fuente, mencionar al menos datos como el piso, la habitación donde ocurrió y la identidad del profesional que “tan mal” estaba haciendo quedar a ese sanatorio.
El irresponsable escrito, propio de un pasquín, no es más que una nueva prueba del proceder extorsivo de El Ancasti hacia quienes le puedan haber negado alguna pauta publicitaria, o se hayan permitido compartir la misma con otros medios periodísticos. Zitelli y su gente pretenden siempre la exclusividad de la propaganda o responden con este accionar, cuasi mafioso, mientras se disfrazan de diario “libre e independiente, rector de la moral y las buenas costumbres de todos los catamarqueños”.
Es más, en una publicación de esta misma sección “Cara y Cruz”, ahora, el viernes 18 de este mes, aludiendo a las “operaciones en el último tramo” previo a la asunción del nuevo gobierno justicialista, Zitelli y El Ancasti advierten “miserias de la condición humana” por “acciones que se desarrollan desde el anonimato”. Moraleja “zitelliana” (o siciliana): lo que en los demás son miserias humanas en las “plumas ancasteñas” son “libre ejercicio del periodismo”. Típico de la más impresentable “doble moral”, Zitelli es el clásico profeta del “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”.
El Ancasti y Zitelli utilizan las peores técnicas de la difamación, y después les gusta presentarse ante la opinión pública como víctimas de “las calumnias y las injurias” de quienes únicamente no piensan como ellos, ni comulgan con sus camaleónicos procederes.
Saque el lector sus propias conclusiones.