La famosa obra, que debía unir Las Pirquitas y Capital para proporcionar agua al Valle Central, ya es un gran escándalo.
Todo comenzó hace unos cinco años cuando se llamó a licitación para construir el famoso acueducto. No se dejó participar a las empresas catamarqueñas y, a la vuelta de seis años, nos damos con que la obra se dividió en dos: la primera que todavía tiene cosas pendientes y Brizuela del Moral la quiere inaugurar “sea como sea”; y la segunda, por un valor superior a los 40 millones de pesos, que el mismo Brizuela del Moral se la quiere entregar a foráneos y a los que piensa comenzar a pagarle ahora mismo.
¿Por qué será que le quiere pagar ahora mismo, cuando la empresa no ha comenzado siquiera a trabajar? Por supuesto, es inevitable, estas cosas dando lugar a las sospechas y algunas primeras acusaciones de cuestiones irregulares.
De cualquier manera, en forma de primicia, podemos adelantar que el gobierno entrante pediría “no innovar” y sino lo hace directamente, lo podría hacer alguna institución como la Cámara de la Construcción de Catamarca que, aparte de buenas razones, está disconforme con los manejos que lleva a cabo el gobierno, además de dejar afuera a sus socios.