Y, además, descubrió una interna que es peor que el odio entre hermanos y que, únicamente por la posesión del gobierno, se lograba disimular. Ahora que no hay nada para repartir, la disputa ha saltado por los aires impulsada por los resortes que impulsan los peores sentimientos.
Está programada para el 29 de diciembre la sesión de la Convención, el máximo órgano deliberativo del Partido, pero existen muy pocas esperanzas de conseguir acuerdos y consensos. Hasta hay dudas de alcanzar el quórum, lo que es pauta clara del estado de anomia que impera en filas “rojiblancas”.
El final del Frente Cívico
Hasta ahora, los medios locales y hasta la dirigencia política, distinguen a la UCR como Frente Cívico y Social. Es solamente por la fuerza de la costumbre. Por 20 años de identidad de aquella herramienta electoral que nació en 1991. Pero, en los hechos, ya no existe más.
¿Qué frente puede haber si nadie quiera saber nada de la UCR? ¿Y cómo pueden surgir aliados si se desconoce quién gobierna el Partido que conducía aquel frente?
Con este panorama, es totalmente comprensible el cierre del año con heridas sangrantes y el dolor de ya no ser.
El ejemplo más claro de la debacle es el otrora poderoso bloque de diputados, hoy atravesado por deserciones y traiciones. Es allí donde emerge la interna con toda la fuerza y donde comenzaron los males que llevaron a la capitulación.
En el 2008, apenas un año después que Brizuela del Moral consiguiera la reelección, los peronistas le coparon la parada en ese estadio de la democracia. Augusto César Jalile y Luis Barrionuevo expresaron su malestar con el Frente Cívico y votaron con la oposición a la hora de elegir autoridades.
Después de ganar la elección del 2009 y cuando todos pensaban que los radicales iban a recuperar la Cámara, fueron Alfredo Gómez y otra vez Luis Barrionuevo, los que frustraron los planes de Brizuela del Moral.
En el 2010, el gran desertor fue el diputado Raúl Guzmán, un hombre elegido por el ex gobernador para conducir la “pata peronista”, ese raro engendro del Frente Cívico.
Ya en el 2011, como para no cortar la racha, se sumaron los diputados Jorge Bonaterra y Cecilia Porta de Salas. Son los nuevos Judas del radicalismo.
La sangría parece no tener final. Lo que queda del ex bloque del Frente Cívico está partido en dos mitades. Una de ellas la conforma el bloque castillista que, increíblemente, está más cerca del kirchnerismo que del propio radicalismo. Y la otra mitad es una junta de renovadores que, a su vez, mantiene sórdidas disputas entre ellos.
Pensar en las fiestas de fin de año en estas condiciones, que nadie lo dude, es trago amargo para los radicales. Y, por si no faltaran pesares, el 2012 puede ser aun peor.