Según expresiones del propio legislador electo, su intención es la de seguir trabajando por el pueblo que lo eligió y convertirse en especial representante de esta comunidad tan abandonada por propios y extraños.
Recordemos que desde el 83 a la fecha, los senadores que surgieron de la voluntad popular, prefirieron instalarse a vivir en la Capital junto a sus familias, salvo, claro está, honrosas excepciones, dejando a esta pueblo sin referentes a nivel provincial.
La gota que desató el escándalo fue la gestión de Mario Scaltritti quien, además de desaparecer junto a su familia, cuando perdió la reelección, aseguró histérico y a viva voz, que “no vuelvo más a este pueblo de m…!”, consecuencia de la alocada obsesión andalgalense, de encumbrar a gente que no siente al pueblo como su hogar, su heredad.
Aparentemente con Perea no ocurriría lo mismo, pero la gente está tan descreída, que necesita acciones concretas para volver a creer. Habría que ver que pasa cuando el agua comience a hacer sonar el río.
Por de pronto, hacemos votos para que por fin Andalgalá tenga su representante constitucional en la Cámara de Senadores y abandone su estado de orfandad.