El 13 de marzo pasó algo ciertamente inesperado, contra todo pronóstico el pueblo catamarqueño se animó a cambiar políticamente. Por primera vez en la historia de esta provincia el oficialismo político perdió el control del Estado porque los ciudadanos así los decidieron. Eligieron por la alternancia entre las principales fuerzas políticas para que nos gobiernen a todos. En ese sentido, lo que pasó el domingo 13 de marzo fue histórico.
Desde ese día, cuando se suponía que la actividad política decaería, vivimos un altísimo nivel de voltaje, que a muchos asusta, o por menos los preocupa. Pero lo que pasa, ciertamente es bueno. Casi tanto como la elección de la alternancia por parte de los catamarqueños.
Pero hay un sector político, que resulto ser el principal perjudicado el 13 de marzo, que insiste en ver una vuelta al pasado donde solo hay una opción por el futuro; la mas inteligente si se considera que el “no” rotundo que se aprendió a decir, puede volver a practicárselo dentro de 4 años u 8, o cuando crea que es conveniente.
La controversia entre pasado y presente, tal como pretende ese grupo social que se esconde detrás de la fachada republicana de la UCR, un partido político de importante vocación democrática, con muchos hombres valorables, también aquí en Catamarca, aunque no sean esos los que mas lucen, agita nuestros peores fantasmas. Pero no es el fin del mundo.
Las familias patricias, esas privilegiadas, las acomodadas en los más importantes cargos en los tres poderes del estado en los últimos 20 años, las que son las responsables de habernos llevado a tocar fondo como sociedad, les gusta que todos coincidamos, que pensemos parecido, igual, calcado, aunque claro, no a favor de Lucia Corpacci o cualquiera que represente la oposición política, Saadi, Barrionuevo, Pastoriza, Moreno o como se llame.
A esos grupos sociales, les satisface que los acuerdos de los catamarqueños sean en torno a alguno de sus hijos predilectos, un Acuña, un Herrera, un Castillo, un Brizuela del Moral, el que sea, pero que provenga de ese grupo de familias. Contrariamente a lo que necesita la democracia, que es que pensemos de manera diversa. Una síntesis como sociedad no debe ser otra cosa que la base de una nueva discusión de mayor calidad que la anterior. Eso es lo que gano el 13 de marzo.
Los que profesan ese profundo sentir antidemocrático, las familias acomodadas que no se bancan el poder en otras manos políticas distintas a las de sus hijos, acuñaron desde 1991 el slogan de la paz social, sobre el que se montaron presentándose así mismo como garantes. Garantes de algo que ellos mismo atacaron siempre, salvo cuando les toco acceder al poder en tiempos de gobiernos de facto o luego de haber divido a la sociedad en torno a un crimen horrendo, que nunca les importó investigar y aclarar, como tampoco investigaron y atacaron otros tantos de humildes.
Tras la elección del 13 de marzo, esas familias, escondidas en la fechada democrática de la UCR, volverán a las andadas; ya lo demostraron. Así deben entenderse estas leyes que presentó el Poder Ejecutivo en la Legislatura, que supuestamente beneficia a miles de jubilados y contratados de la administración publica a los que en los últimos 20 años le dieron la espalda. Ahora, con un poder con fecha de vencimiento, hacen todo lo que no quisieron hacer nunca, con una sola intención: confundir, montarse en la necesidad acuciante que ellos generaron para sembrar vientos; sembrar odios. Es ir contra la paz social, para luego ellos mismos presentarse como garantes, cuando les toque reclamar otra vez el voto popular, si es que antes no llegan al poder por una coartada antidemocrática.