Por un lado, el proyecto del perdidoso mandatario podría inscribirse en una suerte de “acto de reconocimiento” hacia 2.700 individuos que –supuestamente -, habrían colaborado eficazmente con la brillante gestión llevada a cabo por el actual veraneante gobernador. Quedar bien con 2.700 empleados cuyo pase a Planta Permanente tendría lugar en vísperas del cambio de autoridades y que estas “se hagan cargo del muerto” no parece mala idea. Más aún si en octubre serán las elecciones presidenciales y esos 2.700 esperanzados contratados y sus respectivas familias pueden representar una masa de votantes susceptibles de ser derivados a cualquier partido siempre que sea en contra de Cristina y el FPV. Una canallada como cualquier otra concretable con fines electoralistas. Nadie en su sano juicio podrá suponer que el futuro exgobernador o alguno de sus adláteres se van a abstener de ensuciarle la cancha a la Presidente o a sus ocasionales candidatos. Por más que se hable de “transición ordenada y en paz” Sería algo sin precedentes en la historia de la política lugareña, rica en zancadillas, golpes bajos y agachadas de la más variada naturaleza y origen.
Si así fuese, el coro de improperios y maldiciones que se desataría en nuestra provincia sería algo sin precedentes y nadie estaría dispuesto a apoyar semejante medida. Sería blanquear un conjunto de “ñoquis de alta gama”.
La otra posibilidad consistiría en saturar la capacidad de la denominada Planta Permanente la cual, pese a su proverbial elasticidad y capacidad, tiene sus límites. Son los que fija la cantidad de dinero susceptible ser gastado en sueldos. Entonces toda esa gente, en prueba de reconocimiento hacia el autor de sus nombramientos –o sea el futuro saliente mandatario-, se dedicarían a ejercer un tenue, semioculto y disimulado pero efectivo sabotaje a la gestión de la señora Lucía Corpacci y su gente.
Lo más razonable –a nuestro más que modesto entender-, sería determinar en qué áreas está haciendo falta gente. Por caso, pasar a Planta personal idóneo en arreglar caños rotos, de esos por los cuales se van millones de litros de agua potable, agua que generó un gasto para ser procesada.
O darle una mano a Edecat con personal como para armar dos o tres cuadrillas porque con las que tiene en la actualidad (Serían dos para atender el Valle Central y Valle Viejo) la atención de los reclamos sufre prolongadas demoras. Lo mismo vale para la atención telefónica de la empresa distribuidora de energía eléctrica, que es bastante deficiente por no decir pésima. Pasar a Planta un equipo de damas para atender los teléfonos de Edecat sería una medida digna de aplauso y el ahorro en puteadas de la gente sería más que considerable.
Otro asunto que necesita gente es el arreglo de las calles y el taponamiento de pozos en el pavimento, por no citar otros problemas que necesitan ser atendidos con suma urgencia.
La electa gobernadora doctora Lucía Corpacci se ha mostrado preocupada ante un posible ingreso masivo de contratados a Planta Permanente y no es para menos habida cuenta de que no se practica una selección para ubicar a esta gente en lugares estratégicos y en donde sean verdaderamente necesarios.
Lo más prudente –según algunas estimaciones-, sería que las nuevas autoridades manejen este asunto, aunque el saliente mandatario no pueda hacer –con bombos y platillos., el pertinente anuncio. Sería un acto de hidalguía poco o nada frecuente en Catamarca, del cual carecemos de antecedentes.
Es probable que lo aquí expuesto sea considerado como una alucinación derivada de una descontrolada noche de copas. Pero en eso que denominan “política” todo es posible. Ante cualquier duda preguntarle a Figueroa Vicario o alguno de esos próceres que han demostrado singular capacidad y aptitudes en lo tocante a “saltar el charco”, ser “panqueques” “arrimarse al Sol que más calienta” o traicionar a su propia madre si con ello obtienen alguna ventaja.
Por nuestra parte, recordamos al inolvidable Wimpy cuando dijo: “Que todo sea para bien”.