Subsidio de $20 mil para editar libro con la historia de un obispo de Salta

El gobierno de Catamarca, por increíble que parezca, subsidió al Arzobispado de Salta para que edite un libro con la historia de Nicolás Videla del Pino, quien fuera obispo de aquella provincia en tiempos de la Revolución de Mayo. Para colmo, además del gasto, el homenajeado apoyaba “moral y económicamente” a las fuerzas españolas.  
viernes, 4 de marzo de 2011 00:00
viernes, 4 de marzo de 2011 00:00

Si hay pobreza que no se note. El gobierno de Eduardo Brizuela del Moral otorgó un subsidio de $20.000 a favor del Arzobispado de la rica provincia de Salta, que comanda un amigo del FCS, el cura Mario Antonio Carnello.

Los fondos que en nuestra provincia podrían ser destinados a atender tantas necesidades de tanta gente carenciada, irán a Salta para destinárselos a financiar los gastos que demanden la impresión  y edición  del libro «Nicolás Videla  del  Pino  –  Documento Archivísticos». Así lo dispone el Decreto N° 34, del Ministerio de Gobierno y Justicia, del 8 de febrero pasado.

Historia cuestionable del homenajeado

Nicolás Videla del Pino fue un obispo de la diócesis de Salta en la época de la Revolución de Mayo, que había nacido en Córdoba, en el año 1760, y murió en Buenos Aires, en 1819. Habia estudiado en el Colegio de Monserrat y en la Universidad de Córdoba, graduándose de doctor en teología, y se ordenó sacerdote hacia 1780.

Por varios años ejerció como profesor de la Universidad de Córdoba y rector del Seminario. Hacia el año 1800 fue nombrado obispo de Paraguay, y se destacó por lograr ejercer su cargo sin dejarse controlar por el poderoso gobernador Bernardo de Velasco.

En marzo de 1807 fue nombrado obispo de Salta por el Papa. Pero no ocupó el cargo hasta junio de 1809; fecha en que también asumió su diócesis Rodrigo de Orellana, obispo de Córdoba. Juntamente con Benito Lué, de Buenos Aires eran los tres obispos existentes en el actual territorio argentino en la época de la Independencia de ese país.

Al producirse la Revolución de Mayo, en un principio se mostró partidario de la misma; posiblemente no tuvo problemas con ella, porque creyó las declaraciones de la Primera Junta de gobernar en nombre del rey Fernando VII. Poco antes de la Revolución, había apoyado al carlotismo, que pretendía establecer una regencia en nombre del rey cautivo, en la persona de su hermana.

Cuando los sucesivos gobiernos revolucionarios se opusieron a las autoridades nombradas desde España, la posición política del homenajeado por el Gobierno catamarqueño cambio radicalmente. Es que Videla del Pino apoyó las invasiones realistas a la provincia de Salta. La más peligrosa de todas, la de 1812, contó con su apoyo “moral y económico”. Incluso aprobó, no la sancionó personalmente, la excomunión que lanzara el arzobispo de Charcas sobre todos los patriotas, incluido Martín Miguel de Güemes. Cuando al año siguiente, el general Manuel Belgrano se apoderó de Salta en la batalla de ese nombre, simplemente separó al obispo de su cargo, olvidándose de la autoridad papal.

Por un tiempo estuvo bajo arresto domiciliario, y más tarde se refugió en Córdoba. La discusión sobre si debía o no volver a ocupar su puesto ocupó varios años: la Asamblea del año XIII, de inspiración masónica, le negó esa posibilidad y tampoco se preocupó por conseguirle un reemplazante.

El Congreso de Tucumán le permitió volver a Salta, pero no le permitió ejercer su autoridad eclesiástica, ni siquiera celebrar misa o predicar. Por esa razón se trasladó a Buenos Aires donde murió en marzo de 1819.

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